Martín de Padilla: El genio naval español que invadió Inglaterra y la historia olvidó
Amigos, hoy, de la mano del historiador Paco Álvarez, vamos a desenterrar la historia de un hombre que merece un lugar de honor en nuestra memoria colectiva, un héroe de España que, inexplicablemente, ha sido relegado al olvido: Martín de Padilla y Manrique de Lara.
Este gigante de nuestra historia nació en 1540 en un pueblo de Soria, Calatañazor, una localidad preciosa, con un castillo en la cima de la montaña y calles de piedra que rezuman historia. Paco Álvarez nos recuerda el dicho popular de la zona: “En Calatañazor es donde Almanzor perdió el tambor”, una referencia a la batalla en la que el temible Almanzor sufrió su primera derrota significativa contra los cristianos, un golpe del que su fama de guerrero invencible nunca se repuso. Pues de ese lugar de gestas, de ese suelo que vio caer a un invencible, surgió nuestro protagonista.
El último invasor de Inglaterra
¿Quién era Martín de Padilla? Pues fíjense, él fue, ni más ni menos, que uno de los últimos invasores que ha habido en Inglaterra. Así, tal cual. Fue conde de Santa Gadea y de Buen Día, adelantado de Castilla, y, sobre todo, Capitán General de la Armada del Mar Océano. Es uno de esos marinos fundamentales de la época de Felipe II, cuya importancia es comparable a la de Álvaro de Bazán, pero que, a diferencia de este, ha pasado desapercibido para la mayoría de los españoles. Es incomprensible que no hayamos oído hablar de alguien tan grande, que intentó invadir Inglaterra, que luchó en Lepanto y que derrotó a piratas tan famosos como Francis Drake.
Su vida fue de película. Carlos I lo nombró caballero de la Orden de Calatrava siendo un niño, dada su noble familia. Con apenas 18 años, ya se dedicaba a las armas, combatiendo a los franceses y sofocando la rebelión de las Alpujarras. Pero su verdadera vocación, su destino, estaba en el mar.
Héroe en Lepanto y azote de Drake
Su primera gran incursión naval fue nada menos que en la Batalla de Lepanto en 1571, la “más gran ocasión que vieron los siglos”. Allí, a las órdenes de don Juan de Austria, contribuyó a que Europa quedara libre de la amenaza turca. Fue un vencedor nato, tanto contra los turcos como contra los ingleses.
Después de Lepanto, Martín de Padilla abandonó el Mediterráneo para centrarse en el Atlántico. Fue nombrado para la defensa de Lisboa cuando Francis Drake y los ingleses intentaron organizar lo que ellos llamaron la Contraarmada. Una expedición que, como bien sabemos los españoles, terminó en una gran derrota para los ingleses. Allí, nuestro Martín de Padilla derrotó al famosísimo Drake, hundiéndole cuatro barcos y obligándole a retirarse cuando el pirata intentó atacar Lisboa. Es un dato que nos hace reflexionar: ¿cómo es posible que todos hayamos oído hablar de Sir Francis Drake, pero nadie de Martín de Padilla, quien lo derrotó en varias ocasiones?
Paco Álvarez lo describe como un genio, un gran marino y estratega, como si, a pesar de ser de un pueblo del interior, hubiera nacido en el agua. Manejaba la estrategia a la perfección y sus hombres le amaban, lo que habla de su liderazgo excepcional.
La invasión española de Inglaterra (1597)
En 1591, Martín de Padilla venció a una escuadra anglo-holandesa cerca de Almería. Su fama crecía, y en 1596, Felipe II le nombró Capitán General de la Armada del Mar Océano, lo que le otorgaba el mando de todos los barcos españoles del Atlántico. Una responsabilidad inmensa que demostró merecer con creces.
Pero la gesta más sorprendente, y quizás la más olvidada, ocurrió en 1597. Los espías de Felipe II descubrieron que la flota inglesa se había dirigido a las Azores para interceptar a la flota española de Indias, la que traía los tesoros. Entonces, se le encargó a Martín de Padilla organizar una flota para invadir Inglaterra, aprovechando que su armada no estaba para defenderla.
Y así fue. El 17 de octubre de 1597, Martín de Padilla llegó con la flota española al Canal de la Mancha, lo cruzó y desembarcó 400 soldados de infantería española en el este de Inglaterra, cerca de la población de Falmouth. Estos hombres esperaron durante cuatro o cinco días a que llegara el grueso del ejército para avanzar hacia Londres. Los ingleses, a pesar de la inferioridad numérica inicial, no se atrevieron a atacarles, conscientes de la fama de los tercios españoles. Por desgracia, la flota principal se dispersó y no llegaron más refuerzos. Ante esta situación, los españoles reembarcaron sin ningún problema y regresaron a España. Una invasión de Inglaterra que, aunque no se completó por causas ajenas a la voluntad de Padilla, fue un hecho real y demuestra la capacidad naval española de la época. ¡De milagro no se habla español en Londres!
El Tratado de Londres y la verdad histórica
Las victorias de Martín de Padilla no terminaron ahí. En 1602, con solo cuatro barcos, combatió y venció a nueve embarcaciones escocesas, francesas (piratas) y berberiscas en el Mediterráneo, apresando o hundiendo a todas. Murió en 1602, luchando, poco después de esta batalla, y su legado fue crucial para el fin de la guerra anglo-española.
En 1604, se firmó el Tratado de Londres, que ponía fin a la guerra entre España e Inglaterra. Y, contra la narrativa que nos han contado, España ganó esa guerra. El tratado recogió casi todas nuestras peticiones; la única cesión fue no intentar instaurar el catolicismo en Inglaterra. Además, la flota inglesa que había ido a interceptar a nuestra flota de Indias fue hundida y apresada, y su almirante fue decapitado en la Torre de Londres por Isabel I.
Esta historia, que nos han ocultado o distorsionado, es una burda mentira. La idea de que Inglaterra siempre nos venció por mar es falsa, y Martín de Padilla es la prueba viviente de ello. Sin embargo, en España, no hay un solo monumento a su nombre, ni un barco de nuestra Armada lleva su recuerdo. Nada. Mientras tanto, los ingleses glorifican a un pirata como Francis Drake, a quien vencimos en Veracruz, Lisboa y otras partes, pero que ha pasado a la historia como un héroe. Los ingleses nunca hablan de su oscuro pasado de piratería, de gentuza que, como dice Paco Álvarez, cuando tu héroe es un pirata, las cosas empiezan a funcionar mal.
Es hora de que reconozcamos a nuestros verdaderos héroes, como Martín de Padilla y Manrique de Lara, quien, como Álvaro de Bazán, siempre venció a todos los que se enfrentó. Su monumento es haber ganado la guerra a Inglaterra, haberla invadido y haber hecho que, tras su retirada en 1597, la Inglaterra de Isabel I jamás se atreviera a atacar ningún interés español en ningún mar. Nos tenían más miedo que a un dolor. Es hora de que se hable de él, de que su nombre resuene y ocupe el lugar que le corresponde en nuestra historia.
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