La criminalidad se dispara en Ceuta: 200 denuncias diarias y agresiones brutales, incluso a la policía
Amigos, con la situación que vive Ceuta tras la llamada «invasión», hay un claro interés en desviar la atención, en que no se hable de lo que realmente ocurre, en que se transmita una falsa imagen de normalidad. Pero la verdad, la cruda verdad, es muy distinta, y mientras no lo sea, desde este espacio lo seguiremos contando.
Los datos que se están conociendo son alarmantes y los ofrecía el diario El Español. Hablamos de 200 denuncias diarias en la ciudad autónoma, una cifra que, por sí sola, debería hacer saltar todas las alarmas. Esto supone multiplicar por diez las denuncias habituales que se registraban en Ceuta antes de esta ola migratoria. La mayoría de estas denuncias son por robos o intentos de atraco, pero el problema va mucho más allá de los hurtos.
Agresiones a la autoridad: la policía, bajo ataque
La situación de inseguridad es tal que ni siquiera las fuerzas del orden están a salvo. Lo último que hemos sabido es la paliza que ha recibido un guardia civil al que intentaban robar en una gasolinera de madrugada. Por suerte, el agente ha podido contarlo. Fueron cinco inmigrantes los que le agredieron, y la Policía Nacional ha logrado detener a la mayoría de ellos. Este incidente es una muestra clara del peligro al que se enfrentan nuestros agentes.
He tenido la oportunidad de hablar con Laura García, portavoz de Jupol, el sindicato de la Policía Nacional, quien me ha confirmado la brutalidad de estas cifras y la gravedad de la situación. García ha sido muy clara al señalar que estos números no tienen nada que ver con la Ceuta que conocíamos antes de la invasión. Ella ha destacado que, además de los robos con violencia y los delitos contra el patrimonio, se están produciendo muchas riñas tumultuarias entre los recién llegados. Y lo más preocupante, según sus propias palabras, es que cuando los agentes acuden a intentar disolver estas peleas, son recibidos a pedradas.
El caso del guardia civil es paradigmático. Iba caminando por la ciudad, lo que antes era una acción cotidiana, pero ahora, según Laura García, caminar solo en Ceuta a ciertas horas, incluso siendo un agente de la autoridad, es muy peligroso. Al guardia civil le pidieron dinero, le atosigaron, y cuando se negó, fue atacado por la superioridad numérica. Fueron los compañeros de la Guardia Civil quienes finalmente lograron identificar a algunas de estas personas, aunque no a todas.
La escalada de las agresiones sexuales
Pero si hay un aspecto que nos duele especialmente y que evidencia la crudeza de esta crisis, son las agresiones sexuales. Laura García me ha confirmado que, solo en poco más de tres semanas, se han registrado 16 agresiones sexuales constatadas que han llegado a los juzgados. Para poner esto en perspectiva, antes de la invasión, Ceuta registraba una o, como mucho, dos agresiones sexuales al mes. Ahora estamos ante una auténtica barbarie.
Estas agresiones incluyen casos grupales y, lo que es aún más estremecedor, afectan a menores de edad. Las víctimas, hasta donde se sabe, son mujeres marroquíes o subsaharianas. La propia Laura García fue testigo en la jefatura de Ceuta de cómo una joven subsahariana, una adolescente, acudió a denunciar que había sido agredida sexualmente. Se activó el protocolo, por supuesto, pero la realidad es que el subregistro es altísimo.
Imaginemos la dificultad de una criatura de 10, 12 o 14 años que ha sido agredida, que no sabe qué hacer, que no habla nuestro idioma, que viene de otra cultura y que lo único que siente es miedo. Muchas de estas víctimas se esconden en la montaña, en los asentamientos ilegales, y no denuncian. ¿Cuántas agresiones sexuales sin denunciar habrá? Es una pregunta que nos persigue.
Niños varones, también víctimas de la barbarie
Y hay un aspecto del que nadie habla, pero que es igualmente desgarrador: las agresiones sexuales a niños, menores de edad, varones. Fuentes hospitalarias me han informado de al menos cuatro varones menores de edad que han sido víctimas de estos ataques. Uno de los agresores ya ha sido detenido, pero muchos de estos crímenes ocurren en los asentamientos ilegales del monte, donde las víctimas son pilladas mientras duermen y no pueden reconocer a sus atacantes.
La brutalidad de estas agresiones es tal que algunos de estos niños, y también una de las niñas, han tenido que ser hospitalizados. Las fuentes del hospital me transmitieron que nunca habían visto una salvajada así en toda su carrera profesional. Me dijeron que la niña estaba «reventada», que la «destrozaron». Es una imagen que se me clava en el estómago y que nos debe hacer reflexionar sobre la magnitud de esta tragedia.
También se ha confirmado el intento de agresión a una niña de 10 años en la avenida Lisboa. Esto no es un rumor; es una realidad documentada. La situación en Ceuta es una salvajada, una espiral de violencia y criminalidad que eluden quienes quieren desviar la atención. Es mi deber, y el de este programa, seguir poniendo el foco en la verdad, por muy dura que sea.
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