De cada kilo de fruta que vendemos, el 30% del precio son impuestos
Mientras se reparten millones fuera, el campo español se asfixia. Y no por falta de trabajo. Por impuestos. Así de claro lo explica Víctor Viciedo, presidente de la Asociación de Labradores Independientes. Sus palabras no son una opinión. Son una radiografía fiscal.
El dato que lo resume todo
El cálculo es demoledor: más del 30% del precio final de un kilo de fruta son impuestos. Impuestos directos e indirectos que se acumulan a lo largo de toda la cadena. Producción, transporte, distribución, venta. Todo suma. Todo aprieta.
El resultado es evidente: el agricultor cobra una miseria, el consumidor paga cada vez más y el Estado se queda con una parte desproporcionada del valor real del producto.
El campo como cajero automático
Al agricultor se le exige de todo: cumplir normativas, asumir costes energéticos, fertilizantes, seguros, gasóleo, burocracia. Pero cuando llega el momento de protegerle, desaparece. Lo que sí aparece siempre es Hacienda.
Y luego nos preguntamos por qué el campo se vacía, por qué los jóvenes no quieren seguir, por qué dependemos cada vez más de producto extranjero.
Una consecuencia directa
Cuando un tercio del precio son impuestos, el sistema está mal diseñado. No es sostenible. No es justo. Y no es compatible con la supervivencia del sector primario.
Defender al agricultor no es ideología. Es sentido común. Sin campo no hay soberanía alimentaria. Y sin soberanía alimentaria, no hay país.
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