El silencio mediático ante una información incómoda
Hay silencios que hacen más ruido que mil titulares. Y lo ocurrido tras la información publicada por Miguel Ángel Pérez sobre el estado de salud del presidente del Gobierno es uno de ellos.
No hablo de rumores. No hablo de especulación. Hablo de una información periodística contrastada, publicada con nombres, contexto y responsabilidad. Y, sin embargo, lo que vino después fue un apagón informativo casi total.
Me sorprendió —y me sigue sorprendiendo— el comportamiento de buena parte de la prensa española. Especialmente de medios que se presentan como críticos con el Gobierno y que, en este caso, optaron por no publicar nada o limitarse a reproducir el desmentido de Moncloa sin contraste alguno.
Aquí no hubo debate. No hubo preguntas incómodas. Hubo silencio.
Y cuando el silencio se impone de forma tan sincronizada, la pregunta es obligada: ¿quién ha pasado la consigna?
No estamos hablando de la vida privada de un ciudadano anónimo. Estamos hablando del presidente del Gobierno de España. De su capacidad para ejercer el cargo. De su estado físico en un momento de máxima presión política, judicial e institucional.
Eso no es morbo. Eso es interés público.
Miguel Ángel Pérez publicó que el presidente había sufrido una lesión cardiovascular y un episodio prostático importante, ya superado. La información no se presentó como una enfermedad terminal, ni como un diagnóstico clínico detallado, ni como un ataque personal.
Se presentó como lo que es: un hecho relevante.
Desde ese momento, se produjeron varios hechos constatables:
– Silencio del PP y de Vox, con una única excepción: Cayetana Álvarez de Toledo, que preguntó directamente en el Congreso
– Respuesta evasiva del ministro Bolaños, sin entrar al fondo
– Insultos desde redes sociales por parte de miembros del Gobierno
– Medios que no publican
– Otros que solo reproducen el desmentido oficial
Mientras tanto, otros periodistas reconocen en privado que la información es veraz y que la están investigando… sin citarla.
Es decir: se investiga, pero no se publica.
¿Cortina de humo?
Se intentó instalar la idea de que esta información era una maniobra para generar empatía o desviar la atención de otros asuntos. Nada más lejos de la realidad.
Según lo explicado por el propio Miguel Ángel Pérez, Pedro Sánchez es el primer interesado en que esta información no se conozca. No le beneficia. Le perjudica. Le debilita en un momento en el que su liderazgo interno y externo está cuestionado.
De hecho, tras publicarse esta información, el Gobierno reaccionó desempolvando la desclasificación del 23F, en lo que muchos interpretamos como la verdadera cortina de humo.
Salud y poder
En Europa hay precedentes claros. Mitterrand ocultó durante años su cáncer y acabó viéndose obligado a dar explicaciones. La salud de un jefe de Estado o de Gobierno no es un asunto estrictamente privado cuando afecta al ejercicio del poder.
Aquí no se está pidiendo un parte médico diario. Se está pidiendo transparencia mínima.
Lo inquietante no es la información. Lo inquietante es la reacción: silencio político, silencio mediático y alineamiento con Moncloa en medios que, en otros contextos, desconfían sistemáticamente del Gobierno.
Cuando eso ocurre, el problema deja de ser la salud del presidente. El problema es la salud del periodismo.
Y esa, hoy, presenta síntomas preocupantes.
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