Los multipropietarios de pisos más mediáticos se solidarizan con los acampados
Observo con creciente asombro la desfachatez de ciertas figuras públicas, de esa autodenominada “izquierda caviar”, que se alzan como adalides de causas sociales mientras sus propias vidas contradicen flagrantemente el discurso que defienden. Es una hipocresía que no solo indigna, sino que revela una estrategia de manipulación profundamente arraigada.
El caso de Pedro Almodóvar es paradigmático. Hemos visto cómo se presentaba en ciertas concentraciones con una bolsita de comida, en un gesto que buscaba la foto, el titular, la imagen de compromiso con los más vulnerables. Sin embargo, uno se pregunta si, en lugar de esa bolsita, no podría ofrecer algo más sustancial de sus 23 casas, pisos y locales que posee. Veintitrés propiedades, ni más ni menos, mientras se quejan amargamente del «multipropietario» y de los «fondos buitre». ¿Cómo, entonces, deberíamos calificar su situación?
La realidad es que estamos asistiendo a un intento de sustituir el estado de derecho, basado en la razón y la racionalidad, por un «estado de drama». Un estado donde se instrumentaliza a colectivos vulnerables y se apela a las emociones para, por la puerta de atrás, introducir el comunismo o el socialismo del siglo XXI. La ambición de poder es tal que parece que a Pedro Sánchez le da igual arrastrar el nombre de España, provocar el enfrentamiento civil, con tal de seguir amarrado al sillón de la Moncloa. Es la estrategia de quienes carecen de principios y honor, actuando como un payaso en el Palacio de la Moncloa, cuando lo que necesitamos es un estadista.
La farsa de la Puerta del Sol y la izquierda «caviar»
No se dejen engañar por la concentración de la Puerta del Sol. Es una farsa, una manipulación orquestada. Los mismos que dicen defender el derecho a la vivienda son los que avalan la ocupación, los que no quieren trabajar para tener un techo, sino que exigen que se les pague por un «extraño derecho divino». Esos mismos que darían una patada en la puerta y saldrían impunes, mientras a usted y a mí nos detendrían por mucho menos. Es una burla a la ciudadanía.
Resulta chocante ver a gente de Podemos, de Sumar, del propio PSOE, la «izquierda caviar», acudir de visita a la Puerta del Sol. Salen de sus chalets en Galapagar o de sus mansiones en La Moraleja, se hacen cuatro fotos para la galería y regresan a sus jardines con piscina. Mientras tanto, los que realmente sufren, los que necesitan una vivienda digna, aguantan estoicamente, incluso bajo la lluvia. Y no me malinterpreten, claro que los jóvenes necesitan una vivienda digna, pero el responsable de que muchos tengan que marchar de España por sueldos míseros y sin techo es el Gobierno. Si quieren acampar, que lo hagan en Moncloa, que es el responsable, pero esa acampada, por supuesto, no la veremos. El delegado del Gobierno se encargaría de evitarla de inmediato, porque esta, la de Sol, hay que dejarla crecer.
Más nombres, la misma hipocresía
Almodóvar no es el único ejemplo de esta patente hipocresía. Ahí tenemos a Joan Manuel Serrat, quien posee nada menos que 20 casas entre Madrid, Barcelona y Menorca. O al omnipresente Gran Wyoming, que, mientras se erige en voz crítica, duerme cada noche en uno de sus 19 pisazos en Madrid y Alpedrete. Esos mismos que se indignan con el «multipropietario» y los «fondos buitre» son, en muchos casos, los primeros en la lista de grandes tenedores de vivienda.
La lista de diputados socialistas que exhiben un patrimonio inmobiliario considerable es extensa y reveladora. Mikel Z, el exministro de Cultura, cuenta con ocho viviendas y, si sumamos locales, parcelas y garajes, su patrimonio asciende a 27 propiedades. La diputada del PSOE, Meré Perea, acumula 12 viviendas. Joaquín Martínez Salmerón, también del PSOE, posee 10. Y otros diputados como Roberto García, Isabel García Pérez o Antony Rayo tienen, cada uno, nueve propiedades.
Ante semejante panorama, la pregunta es inevitable: ¿con qué autoridad moral pueden estos individuos y sus partidos abanderar la causa de la vivienda o criticar a los grandes tenedores? La respuesta es clara: con ninguna. La única autoridad que demuestran es la de la desvergüenza y la manipulación. Por eso, propongo que al PSOE, a partir de hoy, le cambiemos el nombre y le llamemos Don Piso. Es un apelativo que, sin duda, se ajusta mejor a la realidad de sus dirigentes y a la hipocresía de su discurso.
Amigos, no se dejen engañar. Ya basta de manipulaciones. No podemos seguir tragando con las mentiras que nos bombardean día tras día. No crean que pueden seguir mintiendo a la ciudadanía y que ustedes van a votar lo que les ordenen. No caigan en las trampas de un Gobierno que tiene muchos medios, mucho dinero (el nuestro) y demasiados tentáculos en empresas y asociaciones para seguir tejiendo esta red de engaños.
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