Se lleva a cabo la mayor nacionalización masiva de descendientes de españoles
Lo digo claro: mientras todos hablan de Ábalos, de TikTok o de viajes a China, nos están robando las próximas elecciones generales. Y lo están haciendo a plena luz del día.
Llevo tiempo advirtiéndolo. Durante años, algunos gobiernos han jugado con el margen electoral. Pequeños ajustes, movimientos sutiles, cambios que solo funcionan cuando la diferencia entre bloques es mínima. Pero eso ya no basta. Cuando la distancia es grande, necesitan otra cosa. Y esa otra cosa ya está en marcha.
Se llama —aunque lo disfracen— la mayor operación de manipulación del censo electoral en España.
Todo arranca en 2007. Una ley impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero abre la puerta a la nacionalización de descendientes de españoles en el extranjero. Sobre el papel, parecía dirigida a víctimas del franquismo. La realidad es otra muy distinta.
Hoy, cualquier persona con un padre o un abuelo español, aunque jamás haya pisado España, puede obtener la nacionalidad y votar. Da igual el contexto. Da igual si hubo exilio o no. Da igual si su vínculo con este país es puramente administrativo.
Y ahí está el fraude.
No es una ley para reparar injusticias históricas. Es una herramienta para alterar el censo electoral.
Estamos hablando de cifras masivas. Millones de potenciales votantes en Hispanoamérica. Personas que no viven aquí, que no sufren las decisiones políticas de este país, pero que pueden decidir su futuro.
¿Casualidad? No.
He escuchado testimonios que describen cómo se organizan procesos acelerados de nacionalización, incluso sin demasiadas comprobaciones. Personas trasladadas en autobuses para votar. Incentivos. Promesas. Comida a cambio de voto.
Llámalo como quieras. Eso tiene un nombre: compra de voto.
Y no acaba ahí.
El Gobierno ha disparado las subvenciones al extranjero hasta cifras que rondan los 600 millones de euros, distribuidos entre cientos de asociaciones, casas regionales y organizaciones. Algunas reciben hasta 100.000 euros anuales.
¿A cambio de qué?
El mensaje es claro: “Si no me votas, este grifo se cierra.”
Mientras tanto, en España, hay inmigrantes que llevan años trabajando aquí y no pueden votar. Pero alguien que nunca ha estado en este país sí puede hacerlo. ¿Cómo se justifica esto en una democracia?
No se justifica. Se manipula.
Y lo más grave: esto se está haciendo sin prácticamente oposición mediática ni política. Ni portadas. Ni escándalos. Ni reacción contundente.
Algunos dicen que lo revisarán “con lupa”. Otros directamente miran hacia otro lado.
Pero la realidad es esta: se está construyendo un nuevo censo electoral a medida, diseñado para garantizar la permanencia en el poder.
Y mientras tanto, nos distraen.
Nos distraen con nombres, con casos, con ruido constante. Pero el problema no está en el titular del día. Está en lo que no se cuenta.
Porque cuando llegue el momento de votar, quizá ya no importe lo que piensen los españoles que viven aquí.
Quizá la decisión ya esté tomada desde fuera.
Y entonces será tarde.
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Miles de españoles piden que la Corona ejerza su papel constitucional con ejemplaridad e independencia.
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