Todos los marroquíes en España solo le deben lealtad al Sultán y votan lo que él les dice en nuestro país

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Hay afirmaciones que incomodan porque rompen el relato oficial.
La que hizo Francisco Bendala en este programa es una de ellas: los marroquíes en España mantienen una lealtad directa al sultán y votan según sus directrices.

No es una consigna. Es una descripción operativa de cómo funcionan las tres dependencias que, según Bendala, rigen a la diáspora marroquí esté donde esté: política, religiosa y familiar. Y eso tiene consecuencias directas en nuestra democracia.

Tres lealtades que no desaparecen con la nacionalidad

Francisco Bendala explicó que, tengan o no nacionalidad española, los marroquíes mantienen tres vínculos inquebrantables con el sultán:

  1. Lealtad política: el sultán como autoridad feudal.
  2. Lealtad religiosa: descendiente de Mahoma, con autoridad espiritual.
  3. Lealtad familiar: la familia permanece en Marruecos y puede sufrir represalias.

Estas dependencias hacen que las órdenes lleguen y se cumplan, aunque no aparezcan en prensa ni se anuncien públicamente.

Órdenes que no se publican, pero se transmiten

Según Bendala, las instrucciones se canalizan a través de servicios de inteligencia y redes comunitarias. No importa si la persona lleva tres días o veinte años en España: la cadena de mando funciona.

Recordó incluso precedentes públicos: senadores marroquíes pidiendo abiertamente el voto para el partido que mejor favoreciera los intereses de Marruecos.

El caso de Cataluña

En el programa se reveló una información sensible: el PSC habría ganado las elecciones en Cataluña gracias al voto dirigido de ciudadanos marroquíes, tras instrucciones del rey de Marruecos.
La cifra exacta de votantes puede variar, pero Bendala fue tajante: el mecanismo existe y opera.

Una influencia organizada y permanente

Bendala, con experiencia directa en el norte de Marruecos, subrayó que esta estructura de control no es informal ni espontánea. Es sistémica, organizada y constante.

España, dijo, se niega a reconocer esta realidad, mientras Marruecos sí la utiliza como herramienta de influencia política exterior.

Si una parte del electorado responde a consignas de una potencia extranjera, el problema no es migratorio: es democrático.

Negarlo no lo hace desaparecer.
Mirar hacia otro lado solo lo agrava.

Aquí se dijo con claridad. Y con conocimiento de causa.

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