“Yo solo compro productos españoles y deberíamos hacerlo todos”
Amigos, mientras hablamos de grandes acuerdos internacionales y de geopolítica, aquí en casa hay otra batalla que se libra cada día en los supermercados y en los campos. Se llama supervivencia del sector primario español. Y lo que está ocurriendo con Mercosur es, directamente, un golpe a nuestros agricultores.
Ricardo Morado, empresario y vicepresidente de Giro 180, lo dijo con una claridad que muchos políticos no se atreven a pronunciar: él solo compra productos españoles y cree que todos deberíamos hacer lo mismo. No como un gesto patriótico de postal, sino como una cuestión de pura defensa económica.
Porque el problema es evidente. Hemos creado un mercado común europeo para protegernos entre nosotros, pero resulta que los productores españoles tienen que cumplir normas verdes durísimas que no cumplen los de fuera. Y mientras aquí se asfixia al agricultor con burocracia, desde el otro lado del Atlántico llegan mercancías sin apenas controles.
Morado lo explicó sin rodeos: los productos extranjeros entran con ventaja porque carecen de las exigencias que sí se imponen a nuestra huerta. Y eso, además de injusto, es una hipocresía monumental. Se habla de huella de carbono, pero luego se traen alimentos de miles de kilómetros que aquí se producen de sobra.
La consecuencia es devastadora. El producto nacional suele ser más caro, no por capricho, sino porque nuestros agricultores cumplen reglas que otros no cumplen. Y así se está condenando a un sector que ha sido el orgullo de España durante generaciones.
La propuesta es sencilla y a la vez revolucionaria: que el consumidor tome partido. Mirar la etiqueta, preguntar de dónde viene lo que comemos y priorizar lo nuestro. Convertir el carro de la compra en una herramienta de defensa del país.
No es fácil, claro que no. Las grandes cadenas juegan con precios y con márgenes, y muchas veces el bolsillo manda. Pero si no protegemos a nuestra gente del campo, nadie lo hará. Y entonces no habrá Mercosur ni tratado que valga, porque habremos entregado nuestra soberanía alimentaria.
Mientras algunos aplauden acuerdos desde despachos lejanos, en las carreteras españolas se preparan movilizaciones históricas. Los agricultores sienten que les han traicionado. Y tienen motivos. Se les exige producir con una mano atada a la espalda mientras se abre la puerta de par en par a quien no respeta las mismas reglas.
Morado no habla desde la teoría. Trabaja en logística, conoce las cadenas de distribución y sabe que se puede priorizar el producto español. No es imposible, es una cuestión de voluntad política y también de conciencia social.
Porque al final, detrás de cada tomate marroquí o cada carne llegada de miles de kilómetros, hay un agricultor español que se queda sin futuro. Y detrás de cada compra responsable, hay una familia que puede seguir viviendo de su trabajo.
No estamos ante un debate menor. Es la economía real, la que da de comer a pueblos enteros. Y si no reaccionamos, mañana nos preguntaremos por qué nuestros campos están vacíos y nuestras mesas llenas de productos que nadie sabe cómo se han producido.
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