Daniel Lacalle: la consulta trampa de Sánchez y la deuda real que nadie quiere mirar
Hablar con Daniel Lacalle es asomarse a la economía sin anestesia. Sin consignas, sin maquillaje y sin ese lenguaje técnico que se usa muchas veces para esconder lo esencial. Lo que explicó en el programa sobre la OPA del BBVA sobre el Sabadell y sobre la deuda real de España debería estar abriendo informativos. No lo hará. Precisamente por eso hay que contarlo.
Sánchez ha vuelto a hacer algo inédito y profundamente sospechoso: una consulta pública para decidir una operación empresarial privada. Preguntar a ciudadanos, asociaciones y a todo aquel que quiera participar si una OPA debe salir adelante. ¿Desde cuándo el Gobierno decide esto por “democracia participativa”? Lacalle lo dejó claro desde el primer momento: aquí hay gato encerrado.
La consulta no es un ejercicio de transparencia. Es un subterfugio político. Sánchez tiene un problema serio: sus socios de gobierno están enfrentados. Bildu y el PNV ven con buenos ojos la OPA, mientras que Puigdemont y Junqueras no la quieren. Apruebe lo que apruebe, pierde apoyos. Así que hace lo que mejor sabe hacer: lavarse las manos y fingir que decide “el pueblo”.
Lacalle fue directo: estas consultas funcionan como las que hacía Carmena en Madrid o como las “consultas vecinales” del castrismo. Webs opacas, participación mínima y resultado controlable. Quien tiene que poner su DNI y sus datos personales para opinar sobre una OPA simplemente no participa. Y Sánchez lo sabe. La consulta sirve para justificar una decisión ya tomada.
¿Y cuál es esa decisión? Que la OPA salga adelante. No por interés general, sino porque es una oportunidad de oro para colonizar una gran entidad financiera con afines al poder. El patrón es siempre el mismo: colocar amigos, controlar estructuras y ampliar la red de influencia del Gobierno. Pero el problema catalán le obliga a disfrazarlo todo de proceso participativo.
Lacalle señaló además el absurdo de preguntar a accionistas y bonistas en una consulta pública cuando para eso ya existen juntas de accionistas. No es ignorancia. Es manipulación deliberada.
Y mientras se entretiene a la opinión pública con consultas teatrales, la deuda pública sigue disparada. No se ha detenido. Ni de lejos. Según explicó Lacalle, la deuda real de las administraciones públicas supera los 2,11 billones de euros. No es la cifra maquillada que se publica en muchos medios. Es la deuda emitida, debida y pagada.
El truco está en el llamado protocolo de déficit excesivo, que permite no contabilizar como deuda parte de la deuda en manos de las propias administraciones públicas. Un artificio contable que ha permitido a Sánchez aumentar la deuda en casi 400.000 millones mientras presume de control fiscal.
Hablamos también del apagón eléctrico y del relato oficial que intenta imponer el Gobierno. Aquí Lacalle fue aún más contundente: no habrá multas ni responsabilidades. ¿Por qué? Porque el Estado controla Red Eléctrica. La presidenta la decide el Gobierno. Los consejeros dominantes también. Y la directora técnica está nombrada y aprobada por la ministra correspondiente.
¿Quién va a sancionar a quién? ¿El Gobierno a su propia empresa? Lo que se ha hecho es crear una comisión bilateral entre España y Portugal en la que participa el principal sospechoso. Un absurdo que solo sirve para ganar tiempo y desviar la atención.
La estrategia era clara: culpar a las eléctricas privadas, como siempre. Pero les salió mal. Los avisos previos estaban documentados, los técnicos habían alertado y la prensa internacional se hizo eco. Las empresas privadas advirtieron incluso de demandas millonarias si se les señalaba falsamente. Resultado: silencio, dilación y relato confuso.
La conclusión de Lacalle fue demoledora y nada optimista. Esto va para largo. Ningún socio del Gobierno ha exigido responsabilidades, pese al daño industrial, empresarial y económico causado. Nadie. Cero. La prioridad sigue siendo desviar la atención, hablar de cualquier cosa menos de lo esencial y mantener el poder a cualquier precio.
Escuchar a Daniel Lacalle es entender por qué la economía también es un campo de batalla política. Y por qué cuando el poder habla de democracia participativa, conviene mirar siempre la letra pequeña.
💬 Tu opinión cuenta: participa en los comentarios

El futuro económico lo veo negro. La única ventaja es la posibilidad de que alguien despierte con respecto a ver la gravedad de que les hayan quitado la religión a la fuerza, y rectifiquen.
El asunto es grave, y sobre todo porque es global. Mira este vídeo, desde el minuto 24.30 hasta al menos el minuto 41, que es hasta donde llegué por el momento (advierto que la chica, que dice cosas muy interesantes, sobre todo últimamente parece que va contra la religión, y adoptó ese discurso del software, y del computador, que me imagino que ni ella se cree; por supuesto que hay que tener cuidado con la «disidencia controlada») :
https://www.youtube.com/watch?v=s8oBW4UnK54
Y si es posible, dejo este artículo; esto ya está llegando a la alimentación, aspecto fundamental de la supervivencia, de la gente:
https://gaceta.es/espana/no-tendras-nada-y-seras-feliz-la-gripe-aviar-y-la-peste-porcina-hacen-que-suban-los-precios-de-los-huevos-el-pollo-y-el-cerdo-20251202-0102/
No sé si os dejé este vídeo:
https://odysee.com/@Plandemia:2d/Warren-Buffett:51
Parece que los planes de la hoja de ruta, hacia el precipicio, van a mucha velocidad.
Con respecto a la baliza, existe geolocalización (dijeron hoy en antena 3 que era conectividad 5 G) desde que pones la pila; no solamente desde que enciendes la luz; y mide dónde estás en cada momento, y también, por ejemplo, la velocidad que se ha llevado (similar al número de pasos de un animal); y, añado, por supuesto, que se podrá conocer con todo detalle todo el trayecto.
https://www.bitchute.com/video/h7Hr8iYncjJp