“Hay un pacto entre Estados Unidos y el chavismo”

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Cuando uno escucha a Francisco Bendala, conviene callar y tomar notas. No habla desde la ideología, sino desde la experiencia operativa.

Teniente coronel en la reserva y ex agente del CESID, Bendala lo explica sin rodeos: lo ocurrido en Venezuela no es una liberación, es un pacto. Un acuerdo frío, calculado y forzado entre Estados Unidos y el propio chavismo.

Según su análisis, no había otra vía posible. Ni revolución interna, ni levantamiento popular, ni intervención clásica. Venezuela no es Panamá ni Granada. Estados Unidos no puede ocupar el país, y lo sabe. Por eso se opta por una operación quirúrgica: entregar a Maduro como cabeza de turco mientras el aparato del régimen permanece operativo.

Bendala es claro: los Delta Force no entran solos. Para que la extracción fuera posible, antes tuvo que desmontarse la guardia pretoriana de Maduro. Escoltas cubanos eliminados. Inteligencia infiltrada. Colaboración interna. Sin pacto previo, no hay operación.

La pregunta incómoda es la siguiente: ¿por qué permitir que el chavismo siga vivo? La respuesta también lo es. Estados Unidos necesita estabilidad, no una guerra civil. Trump sabe que el régimen aún controla fuerzas armadas, policía e inteligencia. Desmantelarlo de golpe significaría caos. Y el caos no interesa a nadie.

Aquí aparece el verdadero motivo de la intervención. No fue el petróleo, como se ha repetido. Eso es una cortina de humo. Lo que precipitó la acción fue la geoestrategia:
– Irán fabricando drones en suelo venezolano
– China explotando minerales raros en el Arco del Orinoco
– Rusia protegiendo ambas operaciones con su inteligencia

Los tres mayores enemigos de Estados Unidos operando a pocos kilómetros de Miami. Eso es lo que no era tolerable.

Bendala lo resume con crudeza: Estados Unidos actúa por sus intereses, no por la democracia venezolana. Control energético, control del Caribe, control del Canal de Panamá. Todo lo demás viene después, si viene.

¿Significa eso que Maduro caerá del todo? No necesariamente. Trump ya ha dicho que esto va para largo. Años. Tiempo para limpiar instituciones, reordenar lealtades y forzar una reconversión del régimen. Lavado de cara incluido.

Mientras tanto, el chavismo se adapta. Pacta. Entrega piezas. Gana tiempo.
Y el pueblo venezolano sigue esperando.

Bendala lanza una advertencia final que no debería ignorarse: el fin no siempre justifica los medios. Maduro esté preso o no, el sistema que lo sostuvo sigue en pie. Y eso obliga a mirar la operación con realismo, no con propaganda.

Esta no es una película de buenos y malos.
Es geopolítica en estado puro.

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