Groenlandia, Trump y la gran mentira: lo que no te cuentan sobre el interés real de Estados Unidos

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Llevo días leyendo titulares que rozan el disparate. Algunos hablan de invasiones, otros comparan Groenlandia con Venezuela, y no falta quien presenta a Donald Trump como un pirómano geopolítico más. Nada de eso se sostiene cuando se escucha a quien sabe de verdad de economía, materias primas y poder global.

Por eso quise cerrar el programa hablando con Daniel Lacalle, doctor en economía y una de las pocas voces que analiza estas cuestiones sin consignas ni complejos. Porque detrás del ruido hay una realidad mucho más incómoda para Europa… y mucho más clara para Washington.

Groenlandia no es un capricho. Es una pieza estratégica abandonada, y alguien iba a mover ficha tarde o temprano.

La pregunta es directa: ¿por qué quiere Donald Trump Groenlandia?
Y la respuesta no tiene nada de delirante.

Groenlandia, territorio que depende de Dinamarca, cuenta con enormes recursos naturales y apenas 55.000 habitantes. Un territorio pequeño en población, pero gigantesco en valor estratégico. Según explica Lacalle, hablamos de:

Entre 28 y 31.000 millones de barriles equivalentes de petróleo en reservas conocidas
Al menos 36 millones de toneladas de tierras raras
– Recursos clave para energía, defensa, tecnología y autonomía industrial

El conflicto arranca en 2021, cuando Dinamarca decide prohibir la exploración de esos recursos. A partir de ahí, Groenlandia queda atrapada en un modelo que Lacalle define sin rodeos: subvención, estancamiento y abandono.

Dinamarca financia el gasto público, pero no impulsa crecimiento económico real. El resultado es un territorio con crecimiento prácticamente nulo, dependiente y sin capacidad de desarrollar su propio potencial.

Aquí entra la visión de Donald Trump. No es nueva. Otros presidentes estadounidenses ya lo intentaron antes. La lógica es sencilla:
si Occidente no desarrolla esos recursos, lo harán China o Rusia.

Estados Unidos no habla de invasión. Habla de compra, inversión y desarrollo, como hizo en su día con Alaska. Eso implica algo clave: inversión masiva, estimada entre 120.000 y 130.000 millones de dólares, pero también empleo, actividad económica y salida del estancamiento.

El papel de Dinamarca y la hipocresía europea

¿Por qué Dinamarca se rasga ahora las vestiduras?
Según Lacalle, por una mezcla de nacionalismo impostado, negociación al alza y una ideología que ha calado en Europa: el decrecimiento.

Se prohíbe explotar recursos en nombre del medio ambiente, pero no se ofrece una alternativa real de prosperidad. Se decide desde Copenhague lo que los groenlandeses pueden o no hacer con su tierra. Eso no es ecologismo, es paternalismo.

La mayoría de la población es inuit, no danesa. Y lo que se les ofrece es una especie de paguita permanente, no un futuro. Lacalle es claro: nadie puede desarrollarse si se le impide usar sus recursos.

Y conviene desmontar otro mito:
las tierras raras no son raras. Lo raro es permitir que otros países controlen su extracción mientras Europa se autoimpone el empobrecimiento.

Trump no está planteando una locura. Está señalando un vacío de poder. Groenlandia lleva años abandonada económicamente, bloqueada por decisiones ideológicas tomadas a miles de kilómetros y sostenida artificialmente con subvenciones.

La pregunta no es si Estados Unidos tiene interés.
La pregunta es por qué Europa ha renunciado al suyo.

Porque cuando se prohíbe crecer, alguien crecerá por ti.
Y en geopolítica, los espacios vacíos nunca permanecen vacíos demasiado tiempo.

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