“Los médicos que tratan a Sánchez lo han visto peor que nunca”
Esta frase no es una opinión, no es una exageración ni una provocación política. Es una advertencia. Y viene de quien ha investigado, contrastado y publicado una de las informaciones más sensibles de los últimos años.
Cuando Miguel Ángel Pérez, periodista de Medidas Cautelares, afirma que “los médicos que tratan a Sánchez estos últimos días lo han visto peor que nunca”, no está lanzando un titular fácil. Está trasladando lo que le han dicho fuentes médicas directas, personas que han tenido delante al presidente del Gobierno y que conocen su evolución clínica.
Aquí no hablamos de ideología. Hablamos de capacidad para gobernar.
Y por eso el silencio posterior, la falta de transparencia y la estrategia de ocultación convierten este asunto en algo mucho más grave que un problema personal de salud.
Miguel Ángel Pérez ha explicado que la información sobre el deterioro del estado de salud de Pedro Sánchez no surge de una filtración puntual ni de un rumor reciente. La investigación comenzó antes de Navidad, tras recibir datos que apuntaban a una lesión cardiovascular grave.
Tras meses de trabajo, contrastes y verificación, la conclusión es clara:
el presidente del Gobierno lleva al menos más de un año con esta patología, y en los últimos meses su evolución ha empeorado de forma significativa.
Las fuentes médicas consultadas coinciden en varios puntos clave:
- El deterioro físico es evidente y progresivo
- Las facciones están más marcadas
- La delgadez extrema no es estética, es clínica
- La mirada perdida preocupa a los facultativos
- El estado general es peor que en revisiones anteriores
Pedro Sánchez estaría siendo tratado de forma periódica en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, hospital de referencia de Moncloa, el Congreso y el Senado. Allí se le habrían practicado pruebas como TAC helicoidal para evaluar el estado de sus arterias, bajo la supervisión de especialistas en cardiología, entre ellos el doctor José Luis Zamorano.
Las revisiones no se realizan de manera normalizada. Según la información publicada, el presidente acude en horarios y días de mínima afluencia, como domingos a primera hora de la mañana, entrando por accesos secundarios para evitar ser visto.
Lo que no se publica… y por qué
Miguel Ángel Pérez ha sido claro:
existe más información médica sobre el estado de Pedro Sánchez que no ha sido publicada porque invadiría su intimidad clínica. Por eso se ha optado por hablar de lesión cardiovascular grave sin concretar la patología exacta.
Aun así, el propio periodista no descarta que existan otras dolencias adicionales, más allá del problema cardíaco, dada la evolución física del presidente en los últimos meses.
Antes de publicar, se contactó con la Secretaría de Estado de Comunicación. No hubo desmentido. Tampoco confirmación. Solo evasivas, ironías y, posteriormente, supuestos desmentidos en medios afines al Gobierno que nunca fueron trasladados directamente a quienes investigaban.
Una cuestión de interés general
La pregunta es simple y legítima:
¿puede gobernar un país alguien cuyo estado físico y cognitivo genera preocupación entre los propios médicos que le tratan?
No se trata de deseo, ni de ataque personal. Se trata de responsabilidad institucional. Si el presidente del Gobierno no se encuentra en condiciones óptimas, los ciudadanos tienen derecho a saberlo.
Ocultarlo, minimizarlo o censurarlo no protege a Sánchez.
Compromete al Estado.
Y cuando quienes están más cerca del diagnóstico dicen que “lo han visto peor que nunca”, mirar hacia otro lado deja de ser una opción.
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