«Hemos ganado a la Junta de Andalucía y es milagro gracias a muchos, entre ellos tú»

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Hay historias que demuestran que la sociedad civil todavía puede cambiar las cosas. Esta es una de ellas.

Durante años hemos seguido el caso de Carmen Mestanza, propietaria de La Vega Mestanza, en Málaga. Muchos de ustedes recordarán aquel vídeo en el que aparecía defendiendo los árboles frutales que su familia ha cuidado durante generaciones. Aquellas imágenes emocionaron a miles de personas porque no hablaban de política ni de ideologías. Hablaban de raíces, de memoria y de amor por una tierra que estaba a punto de desaparecer.

La Junta de Andalucía pretendía construir una depuradora en ese entorno, una zona atravesada por un río, con presencia de fauna y considerada un corredor biológico de gran valor ambiental. Durante años, Carmen denunció que el proyecto supondría un grave impacto para la vega y para los árboles que forman parte de la historia de su familia.

Hoy puedo contarles una noticia que merece ser celebrada.

Carmen Mestanza ha ganado.

La resolución judicial confirma la victoria de La Vega y, además, establece que no cabe recurso. El tribunal también impone a la Junta de Andalucía el pago de las costas derivadas de su intento de recurrir la decisión.

Cuando hablé con Carmen tras conocer la sentencia, lo primero que hizo fue dar las gracias. No a una persona concreta, sino a todos los que durante estos años ayudaron a mantener viva la lucha. Vecinos, abogados, ciudadanos anónimos, personas que llegaron desde distintos lugares después de ver vídeos en redes sociales y decidieron dedicar su tiempo a proteger un espacio que ni siquiera era suyo.

Lo que ocurrió en La Vega Mestanza demuestra algo importante: una sola persona puede iniciar una batalla que termine movilizando a miles.

Durante años vimos cómo vecinos acudían a la zona para impedir que las máquinas avanzaran. Vimos cómo se documentaba cada movimiento. Vimos cómo se convertía en noticia algo que, de otro modo, probablemente habría pasado desapercibido.

La propia Carmen reconoce que jamás pidió que se modificara el proyecto por privilegios personales. Su petición siempre fue mucho más sencilla: que los responsables políticos visitaran el lugar y contemplaran con sus propios ojos aquello que estaba en riesgo.

Lo más llamativo de esta historia es que comenzó con algo tan simple como un teléfono móvil y una convicción inquebrantable.

Mientras muchos ciudadanos piensan que nada puede hacerse frente a las administraciones, Carmen ha demostrado exactamente lo contrario. Con perseverancia, apoyo ciudadano y una defensa jurídica sólida, consiguió detener un proyecto que parecía inevitable.

Hoy La Vega Mestanza sigue en pie.

Los árboles siguen donde estaban.

El río sigue su curso.

Y una mujer que comenzó esta batalla prácticamente sola ha conseguido una victoria que ya forma parte de la historia reciente de la defensa ciudadana del territorio.

No todas las noticias terminan bien.

Esta sí.

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