La situación en España es mucho más grave de lo que parece

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Llevo tiempo advirtiéndolo, pero hay momentos en los que ya no se puede suavizar el mensaje. La situación en España es muchísimo más grave de lo que parece.

No estamos ante un desgaste político normal. No es una crisis de gobierno más. Estamos asistiendo, en directo, a un proceso de deterioro estructural del Estado.

Y lo más preocupante es que se está haciendo con método.

Aquí no se gobierna para mejorar el país. Se gobierna para resistir. Para aguantar. Para mantenerse. Y para eso, todo vale.

Se ha vaciado el Parlamento.
Se legisla a golpe de decreto.
Las leyes ya no se debaten, se imponen.

Y mientras tanto, las decisiones clave se toman fuera de las instituciones.

Esto no es una percepción. Es un patrón.

Se ha ido ocupando cada resorte del Estado:
– Fiscalía
– Tribunal Constitucional
– órganos de control

Todo lo que puede garantizar límites, se debilita.
Todo lo que puede frenar, se neutraliza.

Porque hay un objetivo claro: actuar sin consecuencias.

Y en paralelo, se ejecuta otra operación igual de importante: la fragmentación del país.

Se enfrentan territorios.
Se tensan identidades.
Se abren conflictos que luego se utilizan como moneda política.

No es casualidad. Es estrategia.

A esto se suma una política exterior errática, improvisada, basada más en impulsos personales que en una línea de Estado.

Se tensan relaciones con aliados clave.
Se generan conflictos innecesarios.
Se debilita la posición internacional de España.

Resultado: aislamiento y vulnerabilidad.

Y mientras todo esto ocurre, la oposición observa.

Aquí es donde el problema deja de ser solo el Gobierno.

Porque si alguien cree que basta con esperar a unas elecciones, no ha entendido nada.

Lo que está en juego no se arregla con un cambio de siglas.

Se necesita reacción.
Se necesita liderazgo.
Se necesita asumir el coste político de enfrentarse a esto.

Y hoy no lo estamos viendo.

Feijóo no tiene la sangre en las venas suficiente para merecer llegar a ser presidente del gobierno.

No lo digo como un ataque personal. Lo digo como una constatación política.

Cuando la situación exige medidas excepcionales,
no valen discursos medidos ni intervenciones cómodas.

Hace falta utilizar todos los instrumentos:
– mociones
– presión institucional
– movilización social

Aunque no se gane en votos.
Porque a veces se gana en el relato y en la conciencia del país.

Pero eso implica riesgo.
Y el riesgo, hoy, nadie parece dispuesto a asumirlo.

Mientras tanto, el deterioro continúa.

Y la sensación es cada vez más clara:
vamos hacia un punto de no retorno.

La pregunta ya no es cuándo habrá elecciones.

La pregunta es si, cuando lleguen,
quedará intacto el país que conocemos.

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