La chapuza del hantavirus: Canarias convertida en escenario político
Hay imágenes que desmontan cualquier relato oficial. Y lo ocurrido en Canarias con el traslado de posibles contagiados por hantavirus es una de esas situaciones donde la realidad ha dejado en evidencia al Gobierno.
Mientras televisiones y medios afines hablaban de “éxito operativo”, “ejemplo internacional” y “felicitaciones de la OMS”, en redes sociales aparecían escenas que provocan auténtico estupor.
Porque una cosa es el discurso político y otra muy distinta lo que han visto millones de españoles con sus propios ojos.
He visto a personas caminando junto a zonas de riesgo sin mascarilla, junto a equipos protegidos con EPIs. He visto pasajeros quitándose la mascarilla dentro de autobuses oficiales. He visto la puerta abierta de un vehículo lleno de posibles contagiados mientras varios ministros y altos cargos posaban tranquilamente para hacerse la foto.
Como si aquello fuera una visita institucional cualquiera.
Como si estuvieran de excursión.
La imagen más escandalosa quizá sea la del psiquiatra que acompañaba el operativo: sin protección adecuada en pista, bajando después del autobús, quitándose la EPI por la calle, llevándola bajo el brazo y caminando con absoluta normalidad hasta desaparecer fuera del control sanitario.
Y después pretenden convencernos de que todo estaba perfectamente protocolizado.
No.
Lo que hemos visto es una chapuza monumental.
Y si finalmente aparece algún brote en Tenerife, oportunidades para el contagio las ha habido de sobra.
Lo más inquietante llega cuando la ministra Mónica García reconoce públicamente que semanas antes ya se había realizado un simulacro prácticamente idéntico al escenario vivido ahora: barco, enfermedad hemorrágica, traslado y operativo sanitario.
El simulacro se hizo el 14 de abril.
La alerta real llegó el 3 de mayo.
Cada uno puede sacar sus conclusiones.
Yo no voy a afirmar lo que no puedo demostrar, pero sí planteo preguntas legítimas. Porque demasiadas veces en España hemos visto cómo ciertas crisis terminan utilizándose políticamente para reforzar liderazgos, controlar el relato o generar estados emocionales colectivos basados en el miedo.
Y eso tiene precedentes.
Durante el COVID vimos cómo quienes minimizaron inicialmente el virus acabaron imponiendo medidas excepcionales jamás vistas. Ahora ocurre algo todavía más extraño: el mismo Gobierno que durante años ocultó errores y negligencias aparece desplegando una operación mediática gigantesca por un caso cuya dimensión real aún desconocemos.
Todo está perfectamente televisado.
Todo está cuidadosamente escenificado.
Y mientras tanto, Pedro Sánchez vuelve a proyectarse internacionalmente como líder global, solidario y responsable.
Aunque sea a costa de convertir Canarias en un plató político.
Porque aquí hay una pregunta inevitable: ¿por qué para este operativo sí hubo despliegue inmediato, aviones, UME, recursos y máxima movilización institucional, mientras en otras tragedias nacionales los ciudadanos fueron abandonados durante horas?
Muchos valencianos todavía se hacen esa misma pregunta.
Lo más grave es que el Gobierno sigue actuando como si la imagen fuese más importante que la salud pública. Y eso genera desconfianza. Mucha desconfianza.
Especialmente cuando aparecen vídeos de responsables políticos posando junto a autobuses de posibles infectados con las puertas abiertas.
Especialmente cuando quienes deberían transmitir tranquilidad improvisan contradicciones constantes.
Especialmente cuando volvemos a escuchar discursos basados en el miedo.
Porque el miedo siempre ha sido una herramienta de control extremadamente eficaz.
Y mientras todo esto ocupa portadas, otros asuntos desaparecen del foco mediático.
Curiosa coincidencia.
La corrupción, los escándalos políticos, los juicios vinculados al entorno socialista o las declaraciones sobre financiación irregular quedan desplazadas por una nueva alarma sanitaria que monopoliza titulares y tertulias.
Otra vez.
No sé si habrá brote.
Ojalá no.
Pero sí sé que lo ocurrido en Canarias demuestra algo preocupante: la política vuelve a estar por delante de la gestión seria, rigurosa y transparente.
Y eso, después de todo lo vivido estos años, debería preocuparnos mucho más que cualquier titular alarmista.
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