Marcos de Quinto: “El PP ha boicoteado, silenciado e intentado que la marcha fuese un fracaso”

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Marcos de Quinto habló claro. Sin rodeos. Sin matices diplomáticos. Y probablemente dijo en voz alta lo que muchos de los asistentes a la marcha del 23 de mayo pensaban mientras caminaban hacia Moncloa.

Porque una de las grandes preguntas que quedó flotando tras la movilización fue evidente: ¿por qué el Partido Popular decidió mantenerse al margen de una protesta masiva contra Pedro Sánchez?

La respuesta de Marcos de Quinto fue demoledora.

Según explicó en este programa, el PP no solo evitó apoyar públicamente la convocatoria durante semanas, sino que además “la ha boicoteado, la ha silenciado y ha intentado que fuese un fracaso”.

Y lo más grave es que aportó detalles muy concretos.

La organización asegura que contactó previamente con distintas fuerzas políticas para informarles de la marcha. Vox respondió. Otras formaciones también. Pero, según De Quinto, el Partido Popular optó directamente por el silencio.

Ni un mensaje público.
Ni un apoyo explícito.
Ni una sola campaña para animar a acudir.

Mientras tanto, la convocatoria crecía sola en redes sociales, canales alternativos y entre ciudadanos que compartían vídeos, carteles y mensajes sin necesidad de estructuras oficiales.

Eso fue precisamente lo que terminó descolocando a muchos dirigentes políticos.

Porque cuando comprobaron que Madrid podía llenarse sin partidos, sin sindicatos y sin televisiones generalistas, comenzaron las prisas.

Y ahí llegó, según De Quinto, la maniobra más oportunista de todas.

A última hora aparecieron representantes del PP intentando vincularse a una movilización que no habían impulsado ni respaldado. Algunos medios incluso llegaron a presentar la marcha como una protesta organizada por partidos concretos.

Pero quienes estuvieron allí saben perfectamente lo que ocurrió.

La convocatoria nació desde la sociedad civil.

Y precisamente por eso tuvo tanta fuerza.

Marcos de Quinto explicó algo muy importante: si la marcha la convocaba oficialmente un partido, mucha gente no habría acudido. El éxito residía justamente en que cualquier ciudadano podía sentirse representado sin necesidad de asumir siglas ajenas.

Había agricultores.
Había autónomos.
Había asociaciones civiles.
Había policías.
Había votantes de distintos partidos.
Había personas sin ninguna militancia política.

Y cada uno llevaba su propia reivindicación.

Ese modelo, mucho más libre y transversal, rompió completamente los esquemas tradicionales del bipartidismo.

Por eso el enfado de De Quinto no era solo político. Era también simbólico.

Porque, según relató, mientras miles de ciudadanos caminaban bajo el calor de Madrid, el PP mantenía cerrada Génova y evitaba implicarse realmente en la protesta.

Y eso dejó una imagen muy difícil de esconder.

Muchos votantes populares acudieron igualmente a la marcha. Lo hicieron por iniciativa propia. Sin instrucciones. Sin autobuses organizados. Sin consignas oficiales.

Y probablemente ahí reside la gran conclusión de todo lo ocurrido.

La sociedad civil ha descubierto que puede movilizarse sola.

Que no necesita permiso.

Y que quizá los partidos tradicionales ya no controlan la calle como creían.

Lo sucedido el 23 de mayo no fue solo una protesta contra Sánchez.

También fue un aviso para toda la clase política.

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