Rancaño interpreta el pacto PP-Vox en Andalucía como un freno al perfil “socialista” del PP

Mesa de negociación política sobre el pacto PP-Vox en Andalucía
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Puse sobre la mesa el pacto entre PP y Vox en Andalucía porque no es un acuerdo menor ni una simple suma parlamentaria. Es una fotografía política de hacia dónde puede moverse una comunidad autónoma cuando el Partido Popular necesita a Vox y cuando Vox obliga a fijar por escrito medidas que, hasta ahora, el PP no había querido asumir con claridad.

José Luis Rancaño, productor de cine, lo valoró con una frase que resume el fondo ideológico del debate:

“Está bien que gracias a los pactos con Vox, el PP deje de ser tan socialista como el PSOE”.

La frase tiene carga política porque señala directamente una crítica que muchos votantes de la derecha repiten desde hace años: que el PP gobierna demasiadas veces aceptando el marco cultural y administrativo de la izquierda. Rancaño no lo presentó como una victoria definitiva, sino como un primer paso.

Un pacto que obliga al PP a moverse

Los puntos principales del acuerdo que analizamos son claros: rechazo a Mercosur para la agricultura, freno a la Agenda 2030, prohibición del burka y el niqab en edificios públicos, rebaja de impuestos, incluido el IRPF, y supresión del programa de lengua árabe y cultura marroquí en las escuelas públicas.

Rancaño sostuvo que, teniendo en cuenta el pasado político del presidente andaluz, el acuerdo debió de resultarle incómodo al firmarlo. Su lectura fue directa: durante los últimos años, en Andalucía se habría hecho prácticamente lo contrario de lo que ahora se firma con Vox.

Aun así, consideró que el pacto supone “un paso adelante importante”, aunque también advirtió que se han quedado fuera cuestiones que para él son trascendentales.

La crítica de Rancaño: el PP y la vergüenza de sus propias ideas

La parte más dura de su intervención llegó cuando habló de la actitud del presidente andaluz tras el acuerdo. Rancaño no se mostró plenamente optimista porque, según dijo, al escuchar sus entrevistas parecía que le diera vergüenza haber firmado el pacto.

Ahí situó el problema de fondo: la batalla cultural. No basta, vino a decir, con firmar medidas si después se transmiten complejos ante la izquierda. Para Rancaño, no hay motivo para avergonzarse de defender la libertad, las tradiciones del país o la prioridad de prestar auxilio primero a los compatriotas que están en una mala situación.

Su reproche al PP fue precisamente ese: necesita un contrapeso para no seguir pareciéndose demasiado al PSOE en sus políticas y en sus reflejos ideológicos.

Democracia, Estado de derecho y administración pública

El debate no se quedó en una lista de medidas. Rancaño echó de menos que ambos partidos hubieran incorporado un programa más ambicioso para fortalecer la democracia y recuperar el Estado de derecho.

También defendió la necesidad de bajar impuestos, reducir drásticamente la administración pública y dar una batalla en todos los sectores, especialmente en el suyo, el cultural. Como productor de cine, criticó que televisiones, periódicos y entretenimiento queden, según su expresión, continua y permanentemente en manos de los lobbies de izquierda.

En su opinión, el cambio político real no pasa solo por entrar en un gobierno o condicionar un presupuesto, sino por recuperar instituciones y revisar una administración andaluza que, según denunció, arrastra “muchísimos enchufados” de los últimos 30 o 40 años. Añadió que ese problema no sería exclusivo de Andalucía, sino extensible al conjunto del Estado español.

El PSOE y el discurso contra Vox

También escuchamos la reacción de María Jesús Montero, que afirmó que, por primera vez desde el franquismo, entraría la ultraderecha en un gobierno andaluz. Habló de un “pacto de vergüencilla”, de oscurantismo y de políticas que Vox habría querido imponer al Partido Popular.

Ese discurso fue recibido en la mesa como parte del marco habitual de la izquierda: presentar cualquier pacto de la derecha con Vox como una amenaza excepcional para los derechos y para la democracia.

Frente a eso, se recordó que acuerdos similares ya funcionan en otras comunidades como Extremadura, Castilla y León o Aragón, y se defendió que, si los ciudadanos han elegido esos gobiernos, lo democrático es aceptar el resultado.

La discusión dejó una idea central: Andalucía se convierte en un nuevo escenario del pulso entre el PP que pacta con Vox y el PP que teme parecer demasiado cercano a Vox. Y Rancaño puso el dedo en la llaga: el acuerdo solo tendrá recorrido si el Partido Popular deja de actuar con complejos y si Vox consigue que lo firmado no se quede en una declaración de intenciones.

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