Juango Ospina denuncia una entrada en su despacho como “aviso” por el caso Vito Quiles
Juango Ospina, abogado de Vito Quiles, entró en directo visiblemente consternado. Lo que relató no fue, a su juicio, un robo más. Fue una entrada en un despacho profesional, de noche, sin daños visibles, sin llevarse ordenadores, teléfonos ni objetos de valor, y con un único elemento desaparecido: la carpeta del caso Vito Quiles.
El contexto inmediato es conocido: el viernes contamos que existía una orden de busca y captura contra Vito Quiles por un caso de calumnia. Después, la situación quedó resuelta con el levantamiento de la orden y Vito Quiles y su abogado se pusieron a disposición de la jueza. Pero, según denunció Ospina, esa misma secuencia tuvo una derivada inquietante: el sábado por la noche entraron en su despacho de abogados.
Y no entraron, siempre según su relato, como lo haría un delincuente común.
“Son las cloacas del Estado las que han entrado en mi despacho, como un aviso”.
Esa fue la frase que dejó Juango Ospina, y que resume la gravedad de lo denunciado: un ataque al abogado por ejercer el derecho de defensa.
Una entrada sin daños y una sola carpeta desaparecida
Ospina explicó que quienes accedieron al despacho actuaron como profesionales. Habló de una puerta blindada con doble cierre que no resultó dañada, de sistemas manipulados y de dos alarmas inhabilitadas. No hubo desperfectos materiales. No se llevaron ordenadores. No se llevaron teléfonos. No había dinero, ni caja fuerte, ni datáfono, porque el despacho trabaja con pagos bancarios y online.
Lo que sí faltaba era una carpeta concreta.
En el despacho del fondo, el de Bea, su socia, tenían impreso el expediente de Vito Quiles. Según Ospina, “justo el único expediente que falta” era ese. Y añadió algo esencial: en esa carpeta no había ningún secreto de Estado ni nada que justificara semejante operación. Era el expediente del procedimiento de calumnias relacionado con la orden de detención.
Por eso la lectura que hizo fue clara: no se trataba de buscar valor material, sino de enviar un mensaje.
Cuando le pregunté si la amenaza iba dirigida a él para que dejara de defender a Vito, Ospina respondió que podía ser y que él creía que sí. Recordó incluso que no era la primera vez que le ocurría algo así en su trayectoria profesional, y vinculó este episodio a lo que fuentes policiales le habían descrito en el pasado como “cloacas” o “fontaneros”.
El malestar por no detener a Vito Quiles
El caso no puede separarse de lo ocurrido con la orden de busca y captura. Ospina aseguró que fuentes de información de la policía le habían trasladado que generó mucho malestar el hecho de que Vito no fuera detenido.
Según esa versión, se habría desplegado un dispositivo para proceder a la detención de Vito Quiles, que pasara una noche en comisaría y que se le hiciera la foto con los grilletes. Al levantarse la orden de detención, ese objetivo no se produjo. Y, a partir de ahí, el abogado sostiene que la entrada en su despacho tiene una firma política e institucional.
Ospina fue tajante: quienes solicitaron la orden de detención de Vito hace unos días, según su convicción, estarían detrás de la entrada en el despacho profesional. Lo dijo sin rodeos y lo situó en un marco que, para él, excede por completo una sustracción ordinaria.
Nosotros añadimos la información de fuentes del entorno policial: detrás de este ataque al despacho de Ospina habría un vehículo con matrícula de Europa del Este, concretamente un BMW Serie 7. Al final del programa insistí en ello: la policía tendría la matrícula de ese vehículo, al menos de Europa del Este, y esperemos que identifiquen pronto a los autores.
“Atacar al abogado por ejercer la defensa es para preocuparse”
La parte más grave del testimonio de Juango Ospina no está solo en la carpeta sustraída, sino en el mensaje de fondo. Él lo definió como una amenaza y como un aviso a navegantes.
“Atacar al abogado, independientemente de tu ideología política, por ejercer el derecho de defensa en una democracia, es para preocuparse”, afirmó. Para Ospina, si esto se hace con un joven de 25 años que tiene un micrófono y se intenta amedrentar a su abogado por defenderle de un proceso de calumnias, la pregunta es inevitable: “¿hasta dónde pueden llegar?”.
El abogado también expresó preocupación personal. No habló de miedo paralizante, pero sí de incertidumbre. Dijo que tiene mujer y cuatro hijas, y se preguntó hasta dónde pueden llegar quienes han actuado así. Esa preocupación familiar se suma a la inquietud profesional: el derecho de defensa no puede verse condicionado por entradas nocturnas, carpetas desaparecidas o avisos encubiertos.
Ospina agradeció, además, el trabajo de los agentes que acudieron al despacho. Habló de la brigada de información en Madrid, de la búsqueda de cámaras, matrículas y testigos, y de la Policía Científica. Quiso dejar claro que denunciar la existencia de cloacas no significa afirmar que toda la policía esté contaminada. Al contrario: defendió que hay profesionales diligentes y que España tiene instituciones sólidas, aunque señaló que la corrupción puede estar en las altas esferas.
Un atentado al derecho de defensa
La conclusión de Ospina fue directa: esto es un atentado al derecho de defensa, a la democracia y a nuestros derechos y libertades.
Por eso pidió que, si el Gobierno no está detrás de este episodio, ayude a esclarecer quién ha orquestado esta amenaza. Reclamó que el Ministerio del Interior ponga todos los medios y recursos para investigar un delito que calificó de gravísimo.
No estamos ante una historia de ladrones que entran en una oficina para llevarse dinero. En ese despacho no había dinero. No había caja fuerte. No había objetos sustraídos. Había una carpeta impresa vinculada al caso Vito Quiles, y esa carpeta es la que desapareció.
Ospina sostiene que habrá huellas, conversaciones, manchas, información de unos y de otros, y que terminará conociéndose quién estuvo detrás. Yo también lo espero. Porque si un abogado puede ser intimidado por defender a un cliente incómodo, el problema ya no es solo de ese abogado ni de ese cliente: el problema es del sistema de libertades.
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