Begoña Gómez se enfrenta al juez Peinado, altiva y desafiante

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Durante cuatro años, un reducido grupo de jueces, guardias civiles, policías, acusaciones populares y periodistas hemos asistido a un proceso que muchos consideraban imposible. Sin embargo, la instrucción sobre Begoña Gómez ha llegado a su fin y el procedimiento continúa su camino hacia juicio.

La esposa del presidente del Gobierno está acusada de corrupción en los negocios, tráfico de influencias, malversación de caudales públicos y apropiación indebida. Las acusaciones populares solicitan para ella hasta 24 años de prisión, mientras que la Fiscalía y la defensa reclaman el archivo.

Han sido dos años de instrucción especialmente duros para el juez Juan Carlos Peinado. Durante este tiempo ha soportado ataques personales, amenazas y campañas dirigidas, según se ha denunciado, a destruir su reputación y desacreditar su trabajo.

Pero si algo llamó mi atención durante la declaración celebrada este lunes fue la actitud mostrada por Begoña Gómez.

La comparecencia se prolongó durante más de tres horas y media. Volvió a acceder al juzgado por el garaje, acompañada por escoltas y con unas medidas que no hemos visto en otros investigados de relevancia pública.

Según las fuentes presentes en el lugar, la tensión era evidente. La posibilidad de que se adopten medidas cautelares y la proximidad del juicio hacían que el ambiente estuviera cargado.

Sin embargo, lejos de transmitir arrepentimiento o preocupación, la impresión que trasladan quienes estuvieron allí es la de una persona altiva, desafiante y segura de sí misma.

Luis María Pardo, presidente de Iustitia Europa y una de las acusaciones populares del caso, confirmó que durante esas más de tres horas se vivieron momentos de gran tensión entre las distintas partes y descartó cualquier gesto de arrepentimiento por parte de la esposa del presidente.

En las próximas horas se conocerá si finalmente se adoptan medidas cautelares como la retirada del pasaporte, la obligación de comparecer periódicamente ante el juzgado o la necesidad de solicitar autorización judicial para abandonar España.

Si los plazos previstos se cumplen, la causa pasará a la Audiencia Provincial de Madrid y posteriormente será un Tribunal del Jurado formado por nueve ciudadanos madrileños el encargado de juzgar a Begoña Gómez.

Lo que parecía impensable hace dos años está hoy mucho más cerca. Y, más allá del resultado final, conviene recordar que la fortaleza del Estado de derecho se mide precisamente en momentos como este, cuando incluso las personas más próximas al poder deben responder ante la Justicia.

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