La Ley de Amnistía: Un ataque frontal al Estado de Derecho orquestado desde Moncloa
Mis queridos oyentes, la decepción es un sentimiento que nos embarga a muchos hoy. La decisión del Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea sobre la Ley de Amnistía, ese intento de reducir tensiones que, en realidad, solo buscaba ocupar la Moncloa, ha dejado un sabor amargo. Dicen que esta ley no afecta en materia de terrorismo, cuando sabemos que varios de los que fueron amnistados tenían delitos de terrorismo. Y nos aseguran que no se ha malversado dinero público, a pesar de que la evidencia clama lo contrario. Hay, sin duda, dos mundos: el que sufrimos en España, y el de una Europa que, incomprensiblemente, se pone de perfil.
La manipulación de las instituciones europeas
Desde el 15 de diciembre pasado, es un hecho constatado que el presidente del gobierno fuerza al TJUE. Lo digo así, sin ambages: fuerza. En su comparecencia de balance anual, el presidente hizo ver que la amnistía era un hecho, que el Constitucional ya la había aprobado. Una afirmación que carece de mérito, ya que, como sabemos, el Tribunal Constitucional está a la orden del teléfono del presidente del gobierno. Y ahora, se ha hecho lobby oculto para lograr este fallo espurio en el TJUE.
Don Amalio de Marichalar, ha luchado incansablemente, viajando a Bruselas, enviando cartas con documentación precisa a las instituciones europeas y entrevistándose con altos cargos. Él, como yo, está decepcionado, pero a la vez reafirmado en la defensa de los valores de justicia. Nos ha explicado cómo el abogado general Spilman recogió en su argumentación el mismo relato del presidente del gobierno: la «reconciliación de Cataluña». Un argumento que no es jurídico, sino puramente político, y que, además, es una auténtica mentira. La reconciliación no existe; Cataluña está cada vez más dispersa, con miles de ciudadanos pisoteados bajo las botas de la Generalitat.
El presidente del gobierno, antes de las elecciones del 23 de julio, afirmó que la amnistía no era constitucional y no formaba parte del ordenamiento jurídico español. Poco después, viendo que podía contabilizar siete votos aritméticos para su investidura, cambió su discurso y dijo que sí, que había que hacer de la necesidad virtud. Esto, señores, es un autoahorcamiento, un reconocimiento implícito y explícito de que lo hace exclusivamente por los votos. Es lo que ya nos dijo el informe de la Comisión Europea y la propia Comisión de Venecia, calificándola de «autoamnistía a cambio de siete votos para investirse un presidente del gobierno».
Un lobby oscuro y una jurisprudencia peligrosa
Nos consta que el propio presidente del Tribunal Constitucional ha estado viajando por varios países y ha querido visitar al presidente o a miembros del TJUE, todo ello de una forma oscura y oculta. Y también nos consta que se ha hecho lobby para lograr este fallo espurio. Lo hemos dicho públicamente y nadie nos ha rebatido. Hemos enviado tanta argumentación jurídica, tan impecable, que es inaudito que no se haya contemplado el fondo, ni tampoco la forma. La inmensa mayoría del mundo jurídico español ya se había pronunciado en contra de la Ley de Amnistía hace dos años y medio. Lo tienen todo en la mano, pero no contestan las cartas. Es como si la decisión ya estuviera tomada, y la presión del gobierno Sánchez hubiera dado la última vuelta de tuerca.
Aquí hay dos aspectos muy delicados. Uno, los «pactos oscuros» con Puigdemont y otros partidos, que han ido aflorando poco a poco y de los que aún desconocemos muchos detalles. Pactos para que Puigdemont le dé legitimidad prorrogada día a día, marcándole las pautas del gobierno. Y en Europa, se intenta legitimar a una persona «corrupta hasta el tuétano», a un primer ministro español que está «señalado por todos los medios internacionales como corrupto y como alguien que ataca la independencia judicial y el estado de derecho a diario». Da la sensación de que hay que reflotarle.
La otra cosa, y gravísima, es que esto crea un marco, una jurisprudencia que permite a cualquier nuevo primer ministro europeo acceder al poder espuriamente, corruptamente, ilegalmente y fraudulentamente. Europa se ha metido en un gran berengenal, en un problema enorme, porque si se ampara cualquier nuevo primer ministro en este fallo, cualquiera puede acceder al poder por cualquier vía ilegítima y contraria a derecho. Lo grave es el atropello al estado de derecho. Se acabó con el Estatuto de Autonomía catalán, con todas las normas de este país, se utilizaron actos de terrorismo y ahora nos dicen que todo estuvo bien. Esto da «alas tremendas» a ERC, a Bildu, a todos estos grupos.
La inacción de Europa y la responsabilidad de la oposición
Esto demuestra, señores, que no podemos confiar en Europa para mantener la democracia en España. Europa se pone de perfil. Le he pedido al jefe de la oposición, en varias ocasiones, la última hace cuatro días, que tiene la facultad de llamar a la presidenta Von der Leyen y pedirle una declaración pública. Lo ideal sería que pidiera que Von der Leyen declarara que esto es inadmisible, que el ataque al estado de derecho es la base por la cual existen las instituciones europeas, y que esto se convierte en una indignidad europea.
¿Cómo es posible que la presidenta de la Comisión Europea no salga a defender el imperio de la ley, sin el cual no hay manifestación LGTBI, ni deportiva, ni ecológica, ni de ningún tipo? El presidente del gobierno español está atacando frontalmente el estado de derecho y está «lleno de corrupción». No puede cumplir la «compliance» mínima europea de ética política, y eso salpica directamente a la credibilidad de la propia presidenta y de las instituciones europeas. No hay excusas. El primer ministro español es la «ignominia de Europa», y todos los medios de comunicación mundiales lo están señalando a diario. No podemos permitir que un «presidente indigno» para los ciudadanos españoles y del resto de Europa siga un segundo más en su silla. Es imposible para mantener la dignidad y la decencia de todos. Los españoles estamos en un 2 de mayo del siglo XXI. Hay que sacar fuerzas de flaqueza con ilusión, con fuerza.
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