Álvaro de Marichalar denuncia la entrega de Gibraltar: la soberanía española está avalada por Naciones Unidas
Gibraltar no es un asunto menor ni una reliquia histórica. Es una cuestión de soberanía, dignidad nacional y defensa de los intereses de España. Álvaro de Marichalar lo expresó con claridad al denunciar que reclamar nuestra soberanía sobre Gibraltar está avalado por Naciones Unidas y que, sin embargo, este Gobierno está actuando como si el problema pudiera resolverse con gestos, titulares y cesiones.
El Brexit abrió una oportunidad histórica. Reino Unido salió de la Unión Europea y España tenía la posibilidad de colocar la soberanía en el centro de cualquier negociación. No era el momento de esconder la cabeza. Era el momento de recordar que Gibraltar sigue siendo una colonia en suelo europeo y que España tiene razones jurídicas, históricas y políticas para reclamarlo.
Pero el Gobierno de Pedro Sánchez ha preferido presentar como éxito lo que en realidad puede consolidar una renuncia.
La trampa de vender la verja como victoria
Eliminar obstáculos prácticos para los trabajadores y vecinos de la zona puede ser razonable. Nadie sensato quiere perjudicar a los ciudadanos del Campo de Gibraltar ni convertir la vida diaria en un infierno administrativo.
Pero una cosa es facilitar la convivencia y otra muy distinta aceptar que la desaparición de la verja sirva para blanquear la permanencia británica en el Peñón. Si no hay avances reales en soberanía, España corre el riesgo de entregar en la práctica lo que jamás debería haber dado por perdido.
La cuestión de fondo no es la verja. La cuestión de fondo es quién manda, quién controla, quién se beneficia y quién renuncia.
Gibraltar, fiscalidad y poder británico
Gibraltar no es solo una bandera en un promontorio. Es también un enclave fiscal, económico y estratégico que afecta directamente a España. Durante años se ha denunciado su papel como territorio de ventajas tributarias, sociedades opacas y dinámicas que perjudican a nuestro país.
Por eso la discusión no puede reducirse a diplomacia amable. Hay intereses muy concretos en juego. Reino Unido ha sabido proteger los suyos durante más de tres siglos. España, demasiadas veces, ha actuado con complejos, lentitud y miedo a incomodar.
Marichalar recordó además que la reclamación española no nace de un capricho. Está respaldada por resoluciones internacionales y por una realidad colonial que resulta difícil de justificar en pleno siglo XXI.
Integrar a los ciudadanos sin rendirse ante los políticos
Defender Gibraltar no significa despreciar a los gibraltareños. Al contrario: España debería tener una estrategia inteligente para integrar afectos, tender puentes y demostrar que formar parte de una España fuerte, libre y moderna puede ser mejor que seguir viviendo bajo una anomalía colonial.
Pero tender la mano a los ciudadanos no implica rendirse ante los intereses políticos y económicos que han convertido Gibraltar en una pieza de presión contra España.
Ahí está la diferencia: afecto para las personas, firmeza ante quienes negocian contra nuestra soberanía.
Otra cesión más de una política exterior débil
La denuncia de Marichalar conecta con una sensación más amplia: España lleva demasiado tiempo renunciando a defenderse. Lo vimos con el Sáhara, lo vemos con Gibraltar y lo vemos cada vez que nuestros gobernantes prefieren quedar bien fuera antes que proteger los intereses nacionales dentro.
Un país que no defiende su territorio acaba perdiendo respeto. Y un Gobierno que convierte cada cesión en propaganda acaba acostumbrando a los ciudadanos a aceptar la derrota como si fuera pragmatismo.
Gibraltar debe volver al centro del debate nacional. No desde la nostalgia ni desde la consigna vacía, sino desde la convicción de que España tiene derecho a defender lo suyo. Y si Naciones Unidas avala esa reclamación, lo mínimo que puede exigirse a cualquier Gobierno español es que no actúe como si le diera vergüenza sostenerla.
Quienes deseen ampliar la información y conocer el análisis completo pueden acceder al programa íntegro en el canal de YouTube de Albert Castillón.
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