Bendala y Losada denuncian la pérdida de Gibraltar: “España ha sido otra vez traicionada”

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Hay días que quedan marcados en la memoria política de una nación. Y lo ocurrido con Gibraltar merece ser tratado con la gravedad que exige una cuestión de soberanía. En el programa se denunció que España ha vuelto a ceder, a entregar y a asumir como inevitable una situación que afecta directamente a un territorio que forma parte de nuestra historia, de nuestra integridad nacional y de nuestra dignidad como país.

El análisis fue especialmente duro con el Gobierno de Pedro Sánchez, al que se reprochó haber aceptado una negociación que, según se sostuvo en el programa, no ha defendido los intereses españoles. La denuncia central fue clara: con la desaparición de la valla y la nueva situación en torno al Peñón, España habría asumido de facto la soberanía británica sobre Gibraltar.

No se presentó como un simple asunto administrativo ni como una mejora práctica para los trabajadores transfronterizos. Al contrario, se interpretó como una cesión de enorme calado político, histórico y fiscal.

Bendala: Sánchez ha hecho que España pierda Gibraltar

El teniente coronel Francisco Bendala fue uno de los protagonistas de este bloque. Su diagnóstico fue tajante: Pedro Sánchez ha hecho que España pierda Gibraltar definitivamente.

La crítica no se limitó al Peñón como enclave territorial. También se habló de su entorno, de las aguas y de la pérdida progresiva de capacidad española para condicionar el futuro de una zona estratégica. En el programa se afirmó que el acuerdo no puede celebrarse como una victoria porque, en la práctica, consolida una realidad favorable a Reino Unido.

Uno de los puntos más duros fue la desaparición de la valla. Se sostuvo que ese hecho tiene un significado político profundo: si la frontera física desaparece sin que España recupere soberanía, lo que desaparece no es solo una barrera, sino también una herramienta simbólica y práctica de reivindicación nacional.

La pregunta planteada fue evidente: si España no recupera nada esencial, si no obtiene control real, si no hay avance en soberanía, ¿qué se está celebrando exactamente?

La supuesta ventaja de evitar colas

El programa también criticó que el Gobierno presente el acuerdo como una mejora para los trabajadores que cruzan cada día hacia Gibraltar. Se reconoció que evitar colas puede ser una ventaja práctica para muchas personas, pero se rechazó que ese argumento sirva para tapar el fondo del problema.

La tesis expuesta fue que un país no puede cambiar soberanía por comodidad administrativa. Que los trabajadores crucen con más facilidad no resuelve la cuestión de fondo: qué ocurre con el control español, con la fiscalidad, con el contrabando, con el uso del Peñón como espacio opaco y con el papel de Gibraltar como posible refugio de dinero.

En ese sentido, se lanzó una crítica muy concreta: no se aprecia una colaboración real para impedir que Gibraltar funcione como paraíso fiscal. La pregunta fue directa: ¿hay cooperación eficaz con la Agencia Tributaria española? La respuesta del programa fue negativa.

Una humillación patriótica, histórica y fiscal

La denuncia fue más allá de lo patriótico. También se habló de una humillación fiscal. Gibraltar fue presentado como un enclave donde se esconden intereses económicos, dinero y estructuras opacas que perjudican a España.

El análisis sostuvo que el problema no es solo que el Peñón siga bajo dominio británico. El problema es que, además, España habría aceptado una fórmula que no corrige los abusos fiscales ni fortalece su posición. Por eso se habló de una doble derrota: histórica y tributaria.

En ese marco, la crítica a la Unión Europea también estuvo presente. Se reprochó que la negociación se haya desarrollado en un marco en el que España no aparece como protagonista real de la defensa de sus propios intereses, sino como parte resignada ante una solución diseñada y celebrada por otros.

Gibraltar como síntoma de una España debilitada

El bloque sobre Gibraltar no fue tratado como una cuestión aislada. Se presentó como un síntoma de algo mayor: una España que cede, que disimula sus derrotas y que convierte sus retrocesos en supuestas victorias diplomáticas.

La idea central fue que Gibraltar debería ser una causa de Estado, no una nota administrativa. Si España acepta la desaparición de la valla, la consolidación británica del Peñón y la falta de control fiscal, el mensaje que se transmite es devastador: que la soberanía puede ir perdiéndose poco a poco, envuelta en comunicados de satisfacción oficial.

Por eso la denuncia de Bendala y Losada fue tan dura. Para ambos, el problema no es solo Gibraltar. El problema es la actitud de quienes deberían defender España y, en cambio, parecen resignarse a verla retroceder.

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