La estrategia de Washington para Venezuela: estabilidad a cualquier precio y la IA como herramienta
Desde Washington, la prioridad para Venezuela no es un cambio de régimen abrupto, sino la estabilidad. Esta decisión estratégica se fundamenta en la lección aprendida de Irak en 2003, donde la desestabilización tras la caída de Saddam Hussein generó un caos que Estados Unidos no quiere repetir en el contexto venezolano. La meta es clara: evitar el colapso y el desorden, incluso si eso implica trabajar, por ahora, con quienes ostentan el poder de facto.
La compleja ecuación de la estabilización
Está claro que no se contempla un escenario a largo o mediano plazo en el que las figuras actuales permanezcan atornilladas al poder para siempre. Sin embargo, mientras estas personas garanticen un nivel de estabilidad y eviten el caos —incluso dentro de las propias huestes chavistas—, su rol es valorado por Estados Unidos. Es una planificación meticulosa, no improvisada, que se ha estado desarrollando con lo que se conoce como la estrategia de las tres fases.
Inteligencia Artificial al servicio de la geopolítica
Lo que muchos desconocen es la sofisticación detrás de esta planificación. Los cerebros del Pentágono, encargados de la parte militar, y el National Security Council, asesores directos del presidente, están constantemente estableciendo modelos con inteligencia artificial de última generación. Hemos sabido que el Pentágono ha sellado convenios con compañías de IA como Antropic, uno de los sistemas más avanzados. De hecho, se cree que el modelo de diseño para la captura de Maduro se elaboró con la ayuda de Antropic, y el imponente despliegue de 150 aviones se realizó bajo estos mismos modelos de escenario.
Esta es la forma en que Estados Unidos mide cada paso, elaborando todos los escenarios posibles. Por ahora, la participación del régimen en este proceso de estabilización se considera importante, sobre todo frente a un escenario en el que la oposición tome el control.
La desconfianza, un factor clave
Aquí reside una de las controversias y dificultades mayores: Estados Unidos, así como no confía plenamente en el régimen, tampoco lo hace en la oposición. La preocupación es que todo lo logrado hasta ahora pueda desmoronarse por desacuerdos internos, divisiones o la incapacidad de ejercer liderazgo sobre los factores de poder, como la Fuerza Armada. Se plantean interrogantes cruciales: si una figura como María Corina Machado llegara al poder, ¿sería obedecida por los militares? ¿Qué pasaría con los grupos de seguridad como el SEBIN, el DIGESIN o el UOTE, que son leales a Diosdado Cabello? Estas son las variables que se analizan con la frialdad de los algoritmos y la complejidad de la política internacional.

