Ceuta, ciudad de héroes: Paco Álvarez recuerda los 33 años de resistencia frente al sultán Muley Ismail
Hay historias que deberían enseñarse en todas las escuelas de España y, sin embargo, apenas aparecen cuando más falta hacen. Una de ellas es la de Ceuta, una ciudad española que volvió a demostrar estos días su firmeza, pero que ya había escrito páginas de resistencia extraordinaria hace más de tres siglos.
Por eso quise cerrar el programa con el historiador Paco Álvarez, porque cuando se habla de Ceuta conviene hacerlo con memoria, con contexto y con verdad histórica. Y la verdad es muy sencilla: Ceuta jamás fue marroquí, como tampoco lo fue Melilla. La historia es la que es, aunque algunos intenten reescribirla según les convenga.
Paco Álvarez recordó un dato impresionante: Ceuta resistió un asedio larguísimo, iniciado en 1694 y concluido el 22 de abril de 1727. Treinta y tres años. No estamos hablando de una escaramuza ni de un episodio menor, sino de uno de los asedios más prolongados de la historia. Una ciudad entera tuvo que resistir durante décadas frente a las tropas del sultán Muley Ismail.
Una ciudad sitiada durante 33 años
El historiador explicó que Muley Ismail, recién consolidado en el sultanato y con ayuda francesa, intentó ocupar territorios vecinos. La comparación con el presente resulta inevitable. Cada vez que España muestra debilidad, otros intentan aprovecharla. Ya ocurrió entonces y ha ocurrido demasiadas veces después.
Ceuta quedó presionada por tierra durante años. Pero la situación se complicó todavía más en plena Guerra de Sucesión española. En 1704, ingleses y holandeses ocuparon Gibraltar bajo el pretexto de apoyar al pretendiente Carlos de Austria. Poco después, esa misma flota angloholandesa se dirigió también hacia Ceuta y exigió la rendición de la ciudad.
La respuesta de los ceutíes fue no.
Eso significa que Ceuta llegó a encontrarse bloqueada por tierra por las fuerzas del sultán y amenazada por mar por la flota angloholandesa. Es difícil imaginar hoy la dureza de aquella situación: una ciudad más pequeña que la actual, con fortificaciones limitadas, con escasos recursos y en un momento en que España estaba dividida por una guerra interna.
Y aun así resistió.
No fue solo una cuestión militar
Paco Álvarez subrayó algo esencial: esta no fue únicamente la historia de un general brillante o de una superioridad armamentística. Hubo mandos y soldados, claro, pero lo decisivo fue la capacidad de resistencia de una población entera. Los héroes fueron los ceutíes.
Durante décadas aguantaron con lo que tenían. Con el mar al lado para alimentarse, con algunas fuentes de agua, con refuerzos llegados cuando se podía desde la península y, sobre todo, con una voluntad de permanencia que explica mucho del carácter de la ciudad.
El propio Paco recordó que algunos de aquellos soldados enviados desde Andalucía terminaron quedándose en Ceuta y están en el origen de muchas familias actuales. También permanecían allí familias portuguesas desde 1415. Es decir, Ceuta no es una pieza artificial colocada en un mapa moderno. Es una comunidad histórica, con raíces profundas, formada durante siglos.
Por eso conviene repetirlo: Ceuta no es una anomalía española; Ceuta es historia de España.
La muerte del sultán y el final del asedio
El asedio terminó el 22 de abril de 1727. Según explicó Paco Álvarez, el desenlace llegó tras la muerte del sultán. Sus hijos comenzaron entonces a disputarse el poder y la presión sobre Ceuta se deshizo. La ciudad había sobrevivido.
Treinta y tres años después, Ceuta seguía en pie.
Ese dato debería pesar más en el debate público actual. Porque cuando algunos hablan de Ceuta como si fuera una concesión, una frontera discutible o un problema diplomático menor, están ignorando una historia de siglos. Están ignorando a quienes defendieron esa tierra cuando hacerlo era infinitamente más difícil que escribir un comunicado desde un despacho.
Una lección para el presente
El contexto actual hace que este recuerdo histórico sea todavía más necesario. En el programa hemos hablado de la presión de Marruecos, de la invasión de Ceuta, de las redes de influencia, de los silencios políticos y de la debilidad de un Gobierno que parece incapaz de defender con claridad los intereses de España.
Frente a eso, la historia de Ceuta ofrece una lección muy sencilla: los pueblos que conocen su pasado son mucho más difíciles de doblegar.
Paco Álvarez lo expresó con claridad al recordar la “capacidad heroica” de los ceutíes. No se trató solo de aguantar piedras, hambre, bloqueo o amenazas. Se trató de defender una identidad, una ciudad y una pertenencia que no dependían del capricho de ningún sultán ni de ninguna potencia extranjera.
Hoy, cuando algunos pretenden presentar a Ceuta como una pieza negociable, conviene mirar a 1694, a 1704 y a 1727. Conviene recordar a quienes dijeron no cuando estaban rodeados. Conviene recordar que la historia no empieza cuando le interesa al poder político de turno.
Ceuta fue, es y seguirá siendo española porque así lo dice su historia y porque así lo han defendido generaciones enteras de ceutíes.
Y por eso, desde aquí, mi reconocimiento a todos ellos. A los de entonces y a los de ahora. A los que resistieron durante 33 años y a los que hoy siguen defendiendo su ciudad con la misma dignidad.
Como dijo Paco Álvarez, no hablamos de un héroe confidencial. Hablamos de una ciudad de héroes.
Quienes deseen ampliar la información y conocer el análisis completo pueden acceder al programa íntegro en el canal de YouTube de Albert Castillón.
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