Asaltos constantes a Ceuta y Melilla: el efecto llamada ya está aquí
Llevo tiempo advirtiéndolo y hoy ya no hablamos de hipótesis, sino de hechos. Los asaltos a la valla de Melilla, los intentos diarios en la frontera de Ceuta y la presión creciente desde Francia no son fenómenos aislados. Son la consecuencia directa de la regularización masiva impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez.
La regularización se ha vendido como una medida humanitaria. En la práctica, ha funcionado como un detonador del efecto llamada. El mensaje que se está transmitiendo fuera de nuestras fronteras es simple: llega, aguanta unos meses y tendrás papeles. Nunca antes se había llegado tan lejos con tan poco requisito.
Desde que el decreto se puso en marcha, los intentos de entrada se han multiplicado. No es una percepción: es lo que están viviendo sobre el terreno los agentes destinados en Ceuta y Melilla, desbordados, sin refuerzos y trabajando en condiciones infrahumanas.
Noticias y datos expuestos por Rubén Pulido
El experto en inmigración Rubén Pulido lo explica con claridad: estamos ante una estrategia en fases.
Primero, la regularización.
Después, la reagrupación familiar.
Y más adelante, la rebaja de los requisitos para acceder a la nacionalidad española.
El resultado no es medio millón de personas, sino un efecto multiplicador que puede situarse cerca de los dos millones en pocos años. Y entonces llegará el debate que hoy intentan esquivar: el voto.
Aunque ahora se repita que los regularizados no votan, Pulido recuerda que ya se ha modificado el Código Civil para facilitar la nacionalidad a menores y que nada impide nuevas reformas exprés. Cuando eso ocurra, el cambio del censo ya estará hecho.
Mientras tanto, la realidad es otra:
– Casi una decena de asaltos recientes a la frontera de Ceuta.
– Centenares de inmigrantes ilegales acumulados en el CETI.
– Traslados masivos a la península en aviones y ferris, gestionados por ONG mediante contratos públicos.
Esto no frena a las mafias. Las engorda. Cada traslado, cada regularización, incrementa el negocio criminal en el norte de África, donde se pagan hasta 8.000 euros por llegar a España por determinadas rutas.
Y todo ello con un Gobierno que se niega a reconocer el efecto llamada, porque hacerlo supondría asumir responsabilidades políticas y jurídicas.
Lo que estamos viendo en Ceuta y Melilla no es casualidad. Es el resultado lógico de una decisión política que ha convertido las fronteras en papel mojado y ha dejado a los cuerpos de seguridad solos ante el problema.
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