Así fue la operación militar de Estados Unidos para detener a Nicolás Maduro
No contamos las horas. Ni siquiera si es de día o de noche. Solo sabemos que cuando la información ruge a nuestra puerta, la abrimos. Y lo que ha ocurrido este 3 de enero de 2026 es un día histórico.
Hoy puedo contar mucho más de lo que sabíamos a primera hora. Y en las próximas horas sabremos todavía más. La detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos no fue improvisada, ni caótica, ni producto de una reacción puntual. Fue una operación planificada, minuciosa y ejecutada con una precisión quirúrgica.
La orden original no era para hoy. Donald Trump dio la orden el 25 de diciembre, día de Navidad. La operación debía ejecutarse entonces, pero problemas logísticos y una decisión directa del Pentágono retrasaron la acción hasta este 3 de enero. Estaba prevista. Y se ejecutó cuando todo estuvo listo.
Maduro fue detenido una hora antes de que comenzaran los bombardeos. Entre las doce y la una de la madrugada, antes de que cayeran las bombas sobre puntos estratégicos de Caracas y sus alrededores.
Una de las grandes preguntas era por qué los sistemas antiaéreos venezolanos no funcionaron. No hubo pulso electromagnético ni fallo técnico. Hubo algo mucho más eficaz: la CIA llevaba meses trabajando sobre el terreno. Según nuestra información, compraron a numerosos militares encargados de los radares. Cuando llegó la orden de apagarlos, los apagaron. Incluso había miembros de la escolta personal de Maduro que trabajaban para la CIA.
Aquí se desmonta otro mito: nadie ha cobrado los 50 millones de dólares de recompensa. No era una caza individual. Fue una operación militar. Eso sí, se repartieron cientos de miles —quizá millones— en pagos internos. Y un dato clave: la puerta del búnker se abrió desde dentro. Uno de los hombres del interior trabajaba para la inteligencia estadounidense.
La captura de Maduro sin disparos
La detención fue ejecutada por el Escuadrón 160, el regimiento de aviación de operaciones especiales de Estados Unidos. Un equipo entrenado para volar de noche, a baja altura, a gran velocidad y extraer objetivos en minutos.
Llegaron a la vivienda donde Maduro dormía con Cilia Flores. Un lugar que ellos creían inaccesible, un espacio acorazado. No se disparó ni una sola bala. No hubo violencia. Maduro intentó acceder a su espacio de seguridad, pero la intervención fue tan rápida que no lo logró.
Maduro y su esposa salieron en pijama. Subieron a un helicóptero estadounidense. Le ofrecieron un chándal de la DEA, el que ya se ha hecho mundialmente reconocible. La imagen es real. Oficial. Maduro esposado, con gafas de desorientación sensorial, rumbo a Puerto Rico. Esa fotografía ya forma parte de la historia.
Traslado exprés y cargos judiciales
Desde Puerto Rico, Maduro fue trasladado al portaviones Iwo Jima, donde se le realizó un chequeo médico rutinario. Allí se tomó la segunda fotografía oficial, aún esposado. No hay imágenes de su esposa. Hubo acuerdos previos, y este es uno de ellos: él sí, ella no.
El recorrido continuó hacia Nueva York, con una breve parada en Guantánamo. Los cargos son demoledores: cuatro delitos por narcoterrorismo y posesión de armamento destructivo contra Estados Unidos. Varias cadenas perpetuas están sobre la mesa.
Muertos confirmados y una exclusiva
Trump afirma que no hubo heridos entre sus tropas. Nuestra información dice otra cosa: un helicóptero fue alcanzado por disparos y hay al menos un militar herido, leve. Del lado venezolano, sí hay muertos.
Confirmamos una muerte con varias fuentes: Alexis Rodríguez Cabello, jefe del SEBIN, primo de Diosdado Cabello. Jefe del aparato de tortura, secuestro y represión del régimen. Murió en los tiroteos con tropas estadounidenses cuando Maduro ya estaba fuera del país.
Habrá más nombres. Altos cargos del ejército y de la política han sido eliminados en esta operación.
El siguiente objetivo
El nuevo objetivo es claro: Diosdado Cabello. Para Estados Unidos es prioridad absoluta. Lo consideran el verdadero número uno del Cártel de los Soles, incluso por encima de Maduro. A esta hora no ha sido localizado.
Trump ha sido claro: si es necesario, habrá una segunda operación, y sería mucho más contundente. Otra opción es que los propios militares venezolanos lo entreguen. Puede ocurrir en cualquier momento.
En las calles de Caracas hay calma. No hay protestas. Un país secuestrado por el narco ha sido liberado. Desde la Segunda Guerra Mundial, nunca ocho millones de personas habían huido de un país para sobrevivir. Chávez y Maduro lo lograron. Y esto, hoy, ha terminado.
Esto es solo el principio. En los próximos días contaré cuáles son los planes que vienen.
Investigamos.

