El plan fiscal que Zapatero firmó cuatro días antes de dejar la Moncloa
Cuatro días antes de perder las elecciones generales de 2011 y abandonar la Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero firmó un convenio fiscal con República Dominicana que hoy explica muchas cosas.
Lo firmó cuando ya sabía que iba a perder, cuando todas las encuestas lo confirmaban y cuando no se presentaba a la reelección no por voluntad propia, sino por el ultimátum de su esposa. Aquel acuerdo permitía tener doble nacionalidad española y dominicana sin perder la española y, lo más relevante, tributar solo en República Dominicana sin necesidad de vivir allí más de seis meses al año.
No hablamos de Andorra ni de un paraíso fiscal clásico. Hablamos de un sistema hecho a medida, donde basta con declarar que se tiene allí el “centro de intereses vitales”: una vivienda, relaciones personales, negocios, celebraciones familiares. Nada más. No hace falta residir realmente fuera de España.
Ese concepto, inexistente hasta entonces, se inventa en ese convenio. Y ese convenio se firma cuatro días antes de dejar el poder. No solo eso: el Partido Popular lo ratificó tres años después, consolidándolo jurídicamente.
Según el análisis del doctor en Economía Guillermo Rocafort, este marco legal es el origen del “retiro dorado” de varios dirigentes socialistas, con vínculos directos con opacidad fiscal, blanqueo de capitales y la trama de los hidrocarburos, señalada reiteradamente por informes de la Guardia Civil.
El dinero, dicen esos informes, se blanquea en República Dominicana. Allí están. Allí tributan. Allí no pagan lo que pagan los españoles corrientes. Mientras aquí se exprime a la población a impuestos, quienes diseñaron el sistema quedan fuera del esfuerzo colectivo.
Este acuerdo no lo firma un funcionario menor. Lo firma un alto cargo de la Agencia Tributaria, que ha sobrevivido a gobiernos del PSOE y del PP. La misma Agencia Tributaria que facilita residencias fiscales de conveniencia, como ocurrió con el hermano de Pedro Sánchez en Portugal.
Zapatero dejó un país arruinado, con suicidios diarios y sin un euro en las arcas. Pero su futuro personal y el de los suyos quedó bien atado.
Y esto, insisto, está publicado, firmado y ratificado. No es opinión. Son hechos.
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