En Colombia muchos esperan que Trump frene a la guerrilla y el narcotráfico
Desde Colombia, Pilar Almagro, empresaria española con profundo conocimiento del país, describe un clima que en Europa apenas se cuenta. En amplias capas de la sociedad colombiana no hay rechazo a una intervención internacional contundente. Hay expectación. Y en muchos casos, esperanza.
La razón es simple: la guerrilla y el narcotráfico siguen condicionando la vida política, económica y social del país. No es un debate ideológico. Es una cuestión de seguridad y supervivencia.
Un país pendiente del calendario… y del miedo
Colombia afronta un proceso electoral clave. El 31 de enero se convocan las elecciones y la primera vuelta será el 31 de mayo. Sobre el papel, un calendario democrático normal. En la práctica, no tanto.
Pilar explica que existen mecanismos legales para retrasar indefinidamente las elecciones: una catástrofe, una guerra externa o una guerra interna. Y este último escenario no es hipotético. El país ya ha vivido paros armados que han colapsado carreteras, regiones enteras y la actividad económica. Cuando la guerrilla decide que nadie se mueva, nadie se mueve.
Petro, Cepeda y el temor a un modelo venezolano
En ese contexto, Gustavo Petro no puede volver a presentarse, pero emerge una figura que genera todavía más inquietud: Iván Cepeda. Para muchos colombianos, representa un paso más hacia un modelo que ya conocen demasiado bien en Venezuela.
La preocupación no es abstracta. Pilar lo resume así: lo que Maduro hizo después de llegar al poder es exactamente lo que temen que pueda reproducirse en Colombia. Control institucional, colonización del poder judicial, presión sobre la propiedad privada y dependencia del Estado como forma de control social.
Por qué muchos miran a Trump
En este escenario, las declaraciones de Donald Trump no han sido mal recibidas por una parte significativa de la población. Al contrario. Se interpretan como una advertencia y, para algunos, como una última línea de contención.
No se trata de entusiasmo por Estados Unidos, sino de cansancio extremo. Tras años de violencia, narcotráfico y connivencias políticas, muchos colombianos creen que el Estado no ha sido capaz de garantizar el orden por sí solo.
Una diferencia clave con Europa
Pilar señala una diferencia fundamental entre Colombia y Europa: la amenaza es real, cotidiana y visible. No es un debate de tertulia. Es territorio controlado, carreteras cerradas, economía paralizada y miedo constante.
Por eso, cuando desde Europa se habla con ligereza de soberanía o de legalidad internacional, en Colombia muchos responden con una pregunta incómoda:
¿quién protege a la población cuando el Estado no puede —o no quiere— hacerlo?
Colombia observa lo que ha ocurrido en Venezuela como un espejo del futuro que no quiere repetir. Y en ese reflejo, hay quienes esperan que alguien frene a tiempo lo que ellos solos no han podido frenar.
No es un deseo de tutela extranjera. Es una llamada de auxilio.

