«Entraron con balas y saldrán con balas»

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Esta Nochebuena he querido empezar con un mensaje directo a los venezolanos que nos siguen desde cualquier rincón del mundo. Lo que está ocurriendo no es improvisado ni simbólico. Primero fue el bloqueo del mar. Después, la ocupación de tierra, mar y aire. Más tarde, el bombardeo de más de veinte embarcaciones cargadas de droga, narcolanchas que transportaban cocaína, fentanilo y otras sustancias con destino a Estados Unidos y Europa. Y ahora, la detención de petroleros rumbo a China, la principal vía de financiación del régimen.

Esto no es retórica. Es un plan. Un plan diseñado por Donald Trump junto a Marco Rubio, que se está ejecutando paso a paso y bajo vigilancia permanente. Y más allá de los análisis políticos, hay un mensaje que ha resonado con especial fuerza: el de un militar de origen cubano, integrado en las tropas de la Armada de Estados Unidos, desplegado en la zona de Venezuela.

Su mensaje es claro: calma, confianza y tiempo. Habla de momentos clave para América Latina, pero sobre todo para Venezuela. Afirma que la libertad está a la vuelta de la esquina y que Nicolás Maduro tiene solo dos salidas: la cárcel o el plomo. No hay más. Él mismo reconoce que, si dependiera de su voluntad, estaría allí, porque derrotar la dictadura venezolana es también ayudar a liberar Cuba.

Desde Caracas, Ana María nos ha contado cómo se vive esta Navidad. No se siente diciembre. El país no está para celebraciones. Las comidas tradicionales han desaparecido de muchas mesas porque todo está dolarizado y los sueldos no alcanzan. Un pan de jamón cuesta diez dólares. Diez dólares son tres mil bolívares. El salario mínimo ronda los 130 bolívares. Las cuentas no salen.

La gente se recoge temprano. Hay miedo en las calles y miedo a hablar. El que puede, no trabaja. El que habla, se expone. Y aun así, la mayoría tiene claro algo: este régimen no saldrá negociando. “Entraron con balas y sangre y con balas y sangre tienen que salir”, repiten muchos venezolanos recordando cómo comenzó todo, desde los intentos golpistas hasta la imposición constitucional.

Se habla de aviones sobrevolando Falcón, Margarita o Los Roques. De operaciones minuciosas y delicadas. Porque allí están iraníes, chinos, rusos, el ELN, las FARC y sus disidencias. Un cóctel explosivo que explica por qué cada movimiento se mide al milímetro.

En medio de todo, hay debate sobre figuras clave. Sobre la salida de María Corina y su futuro regreso. Para muchos, desde fuera puede hacer más que desde dentro, y la esperanza es que vuelva junto a Edmundo en el momento exacto de la liberación.

Esta es, probablemente, la Navidad más dura para millones de venezolanos. Pero también la que muchos sienten como la antesala del final. Tras veintiséis años de espera, unos días o unas semanas más no parecen imposibles. La confianza no se ha roto. Y cuando un pueblo aguanta tanto, no lo hace para rendirse al final.

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