Grabaciones internas destapan un grave caso de acoso policial
Esto no es un rumor.
No es una filtración interesada.
No es un relato de parte.
Es un caso real, documentado con más de 20 horas de grabaciones, en el que una agente de policía fue acosada, amenazada y vejada por un superior jerárquico, y en el que los mecanismos internos de protección fallaron estrepitosamente.
Y lo más grave: no es un caso aislado.
El caso: amenazas, humillaciones y terror psicológico
La protagonista es una mujer policía destinada en la embajada de España en la India.
El agresor, según se relata en el programa, es el comisario Emilio de la Calle, su superior directo.
Durante meses, esta agente sufrió amenazas explícitas, humillaciones continuas y un clima de terror psicológico en su lugar de trabajo. En uno de los audios, que se escucharon en el programa, el comisario llega a decir frases que hielan la sangre:
Habla de secuestrar personas, de hacer barbaridades, de pegarle una bofetada o “una colleja” a su subordinada. Todo ello grabado por la víctima.
La clave de este caso es precisamente esa:
la víctima grabó más de 20 horas de audio.
Sin esas grabaciones, como explicó Alfredo Perdiguero, inspector de Policía, habría sido prácticamente imposible demostrar lo ocurrido. Porque cuando una mujer denuncia acoso dentro de los cuerpos policiales, el sistema no la protege.
El fracaso del protocolo interno
Aquí está uno de los puntos más graves.
Tal como denunció Perdiguero en el programa, los protocolos internos contra el acoso no funcionan. Cuando una agente activa el protocolo, la denuncia acaba en la misma unidad donde trabaja el agresor, y son los propios mandos los que “investigan”.
Resultado:
no sale nada.
Los mandos se cubren entre ellos.
La víctima queda expuesta y señalada.
Por eso, Perdiguero fue tajante:
no existe ningún caso interno de acoso resuelto correctamente dentro de la Policía siguiendo esos protocolos.
Un comisario que reconoce delitos
Hay un elemento aún más inquietante. En los audios, el propio comisario reconoce haber cometido delitos en el ejercicio de su función. Lo dice sin pudor. Lo dice a una subordinada. Y queda grabado.
Estamos hablando de un alto mando policial que representaba a España en el extranjero.
Hoy el caso está en manos de la Audiencia Nacional. El comisario se encuentra suspendido cautelarmente, pero la resolución judicial sigue pendiente.
Alfredo Perdiguero fue claro y contundente:
– Hay que grabar
– Hay que denunciar
– Y si no hacen caso, hay que sacarlo a la luz
Porque sin pruebas, el sistema protege al agresor, no a la víctima.
Este caso no va solo de una mujer policía.
Va de un sistema que falla.
De mandos intocables.
Y de protocolos que sirven para tapar, no para proteger.
Si hoy conocemos lo ocurrido es porque una mujer tuvo el coraje de grabar durante 20 horas lo que otros prefirieron ignorar.
Y eso, en sí mismo, ya es una denuncia demoledora.
Un Goya que no se dedicó a consignas, sino a un equipo, a una historia concreta y a un problema real.
Cine sin sermones.
Y, precisamente por eso, incómodo.
Carta al Rey Felipe VI: una petición ciudadana
Miles de españoles piden que la Corona ejerza su papel constitucional con ejemplaridad e independencia.
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