Hugo Carvajal empieza a dar nombres de políticos sobornados por Cartel de los Soles
Prepárense porque lo que está saliendo desde Nueva York no es menor. Estamos ante una pieza clave que puede hacer saltar por los aires estructuras políticas enteras.
Hugo Carvajal, conocido como el Pollo Carvajal, exjefe de la inteligencia venezolana, está colaborando con fiscales federales en Estados Unidos. Su objetivo es evidente: reducir una condena que apunta a cadena perpetua. Pero el precio de esa rebaja está siendo alto: información.
Y no cualquier información.
Carvajal está detallando cómo operaba el cártel de los Soles, su estructura, sus conexiones y, sobre todo, a qué políticos se sobornaba con dinero, casas, joyas o lingotes de oro. Todo lo necesario para comprar voluntades.
Y aquí está la clave: ya ha empezado a dar nombres.
Según su testimonio, hay políticos tanto en Estados Unidos como en Europa que habrían recibido millones a cambio de favores. Entre ellos, señala a un senador y un congresista demócratas, a quienes atribuye pagos en efectivo, propiedades y regalos de lujo a cambio de influir políticamente contra Donald Trump y favorecer al chavismo.
No estamos hablando de rumores de barra de bar. Carvajal asegura haber participado directamente en esas operaciones.
El alcance va más allá. Describe un sistema donde la inteligencia cubana y venezolana compraban información, influencias y decisiones políticas, incluso infiltrando estructuras clave. Habla de sobornos a diplomáticos, cargos intermedios y hasta agentes vinculados a servicios de inteligencia.
Y hay más.
El siguiente paso de su colaboración apunta directamente a uno de los temas más sensibles: el supuesto fraude electoral mediante software. Señala a la empresa Smartmatic como herramienta utilizada para manipular resultados en distintos países.
Si esto escala judicialmente, no estamos ante un escándalo. Estamos ante un cambio de tablero.
En paralelo, se menciona que las autoridades estadounidenses ya manejan una lista amplia de implicados y que podrían producirse detenciones en cadena. La narrativa es clara: hubo una operación organizada para influir en elecciones y proteger intereses políticos concretos.
Y España no queda fuera.
Según lo que se anticipa, en esa lista también aparecerían nombres españoles de alto nivel político. De momento, no hay confirmaciones judiciales públicas, pero la advertencia está sobre la mesa: esto no ha hecho más que empezar.
La dimensión de lo que está contando Carvajal no es local. Es geopolítica, estructural y profundamente incómoda.
Y ahora toca esperar una cosa: pruebas.
Porque si las aporta y se sostienen, lo que hoy parece una denuncia explosiva puede convertirse en una cadena de responsabilidades penales a escala internacional.
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