La CIA le colocó un reloj espía a Maduro

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Hay historias que parecen sacadas de una película de espías. Pero esta no lo es. Es real, es reciente y es verificable. Y no la van a ver en ningún otro medio.

Durante años se ha blanqueado al régimen venezolano con palabras suaves, eufemismos y silencios cómplices. Hoy sabemos que mientras algunos hablaban de “diálogo” y “reconciliación”, otros vigilaban, grababan y esperaban el momento exacto.

Porque lo que hoy contamos demuestra algo muy sencillo: el régimen no cayó por negociación, cayó porque estaba infiltrado hasta el último detalle. Y también demuestra otra cosa aún más incómoda: los aliados de Maduro han sido sus principales traidores.

Mientras en Europa se hablaba de “retenidos”, Maduro era espiado 24 horas al día. Mientras se exigía paciencia a las familias de los presos, Washington sabía dónde dormía, qué comía y con quién hablaba.

Aquí no hay grises. Hay víctimas, hay verdugos y hay cómplices.

La CIA logró controlar y espiar a Nicolás Maduro mediante un reloj de pulsera de alta gama, preparado con tecnología del Mossad y un microsistema desarrollado por Apple que permitía conexión vía satélite.

El dispositivo no solo incorporaba GPS permanente, sino que grababa conversaciones y enviaba audios tres veces al día cada vez que Maduro salía del búnker o tenía contacto con el exterior. De este modo, Estados Unidos sabía en todo momento dónde estaba, dónde dormía y cuáles eran sus planes.

El reloj llegó a Maduro como un regalo “de agradecimiento” por parte de Humaro Sisoco, presidente de Guinea-Bisáu, a quien el régimen venezolano había financiado con siete millones de dólares para sostener un autogolpe de Estado tras perder las elecciones. El intermediario fue un testaferro clave del chavismo, responsable de custodiar las criptomonedas del régimen.

Maduro no sospechó. Confiaba plenamente en el origen del regalo. Incluso cuando no llevaba el reloj puesto, lo transportaba en su maleta, permitiendo que el sistema siguiera grabando y enviando información.

Tras la detención de Maduro en Nueva York, el reloj fue recuperado y devuelto a manos de la CIA, con destino final al Mossad, que fue quien lo fabricó.

No fue el único dispositivo. A Diosdado Cabello se le entregó un llavero de oro con un bate de béisbol, también preparado para el seguimiento. En ese caso, Cabello sí sospechó y lo hizo desaparecer, aunque fuentes confirman que Estados Unidos lo tiene igualmente localizado de forma permanente, al igual que a Delcy Rodríguez.

El resultado de todo esto es una situación interna descrita como “absolutamente demoníaca”: desconfianza total, miedo, traiciones cruzadas y rumores de golpes internos. Nadie se fía de nadie.

Mientras tanto, los presos políticos siguen siendo utilizados como moneda de cambio. De los más de 880 presos, solo una decena ha sido liberada. Hay al menos 23 militares desaparecidos, sin fe de vida, y más de 20 periodistas siguen encarcelados. Las familias viven en vigilia permanente, sin saber quién saldrá… o si alguno ya no está con vida.

Y conviene dejar algo claro: la orden de liberar presos la dio Donald Trump, pero quien bloquea las excarcelaciones es Diosdado Cabello, según múltiples testimonios.

Aquí no hablamos de geopolítica abstracta. Hablamos de espionaje real, torturas reales y personas reales pagando el precio del silencio internacional.

Porque mientras algunos siguen usando palabras huecas, otros ya sabían la verdad… y actuaron.

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