«Lo más peligroso de este país son los periodistas»
Hay frases que retratan una época entera. Y la que pronunció Bertrand Ndongo en el Congreso de los Diputados probablemente sea una de ellas:
“Lo más peligroso de este país son los periodistas.”
No lo dijo alguien ajeno a la profesión. Lo dijo un periodista acreditado en el Congreso. Uno de los pocos que todavía hace preguntas incómodas. Uno de los pocos que no recibe el micrófono oficial ni participa en las coreografías pactadas de las ruedas de prensa parlamentarias.
La frase llega después de que la Mesa del Congreso decidiera retirar cautelarmente las acreditaciones de prensa a Bertrand Ndongo y Vito Quiles. La iniciativa partió del PSOE y Sumar. Pero hay algo todavía más grave: la Asociación de Periodistas Parlamentarios también respaldó la medida.
Sí. Periodistas apoyando la expulsión de otros periodistas.
Y mientras eso ocurre, el Partido Popular decidió abandonar la sala para no votar. Otra vez el perfil bajo. Otra vez la comodidad. Otra vez mirar hacia otro lado mientras se degrada una libertad esencial en democracia.
Ndongo entró igualmente al Congreso al día siguiente. Sus abogados le recomendaron acudir con normalidad a su puesto de trabajo. Y eso hizo.
Pasó el control de seguridad. Entregó el DNI. Esperó mientras los funcionarios consultaban instrucciones superiores. Finalmente le dejaron entrar porque, sencillamente, no existía ninguna resolución firme que justificara impedirle el acceso.
El propio Bertrand explicó algo demoledor: los funcionarios del Congreso se negaron a actuar políticamente porque no habían recibido ninguna orden legal válida.
Mientras tanto, fuera, los grandes titulares ya hablaban de “agitadores”, “ultraderecha” o “activistas”.
La maquinaria mediática había comenzado a funcionar.
Ndongo describe un sistema perfectamente organizado dentro del Congreso: micrófonos desactivados, turnos pactados, preguntas filtradas y periodistas seleccionados previamente para intervenir. Según relata, los responsables de prensa cortan cualquier intervención incómoda mientras priorizan medios alineados ideológicamente.
“Empiezan siempre por La Sexta, El País, eldiario.es… y luego dicen que se tienen que ir.”
El problema no es solo quién pregunta.
El problema es quién decide qué se puede preguntar.
Y ahí es donde el periodismo español entra en una crisis profunda.
Porque mientras algunos reporteros persiguen a políticos de determinados partidos hasta la puerta de sus casas, otros consideran “acoso” preguntar a la esposa del presidente del Gobierno por causas judiciales abiertas y asuntos de evidente interés público.
La doble vara de medir ya no se oculta. Se exhibe.
Ndongo recordó durante la entrevista cómo determinados periodistas justificaban campañas agresivas contra dirigentes de derechas o sus familias mientras ahora exigen protección institucional frente a preguntas incómodas dirigidas al entorno del poder.
Y entonces lanzó la frase que resume todo el deterioro:
“Lo más peligroso de este país son los periodistas.”
No hablaba del periodista independiente. Hablaba del periodista domesticado. Del que actúa como militante político mientras se presenta como informador neutral. Del que silencia lo incómodo y protege al poder a cambio de acceso, subvenciones o estabilidad profesional.
La situación ha llegado a tal extremo que incluso algunos medios conservadores han asumido el relato oficial y califican a determinados reporteros incómodos como “agitadores”.
Mientras tanto, quienes hacen preguntas reales son expulsados.
La paradoja es brutal.
En teoría, el Congreso representa la soberanía popular. En la práctica, determinados sectores políticos y mediáticos parecen querer convertirlo en un espacio esterilizado donde solo se admite información controlada.
Pero hay algo que empieza a romper ese esquema: las redes sociales.
Ndongo explicó que solo en un mes alcanzó millones de visualizaciones desde su propio perfil. Con un móvil, un micrófono y sin el respaldo económico de grandes grupos mediáticos.
Y eso es precisamente lo que más molesta.
Que el monopolio del relato ya no pertenece exclusivamente a los grandes medios.
Que millones de personas ya no esperan el informativo de la noche para enterarse de lo que ocurre.
Que el control informativo empieza a resquebrajarse.
Por eso esta batalla no va solo de dos acreditaciones parlamentarias.
Va de algo mucho más importante.
Va de decidir si el periodismo seguirá siendo una herramienta para fiscalizar al poder… o un simple departamento de comunicación del sistema político.
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