«Los castristas cubanos están muy preocupados porque saben que Trump irá a por ellos»

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Mientras muchos analizan lo ocurrido en Venezuela como un hecho aislado, Zoé Valdés introduce la perspectiva que incomoda a casi todos, pero que explica el verdadero alcance de lo sucedido. Lo de Caracas no termina en Caracas. Empieza allí.

Zoé habla con la autoridad de quien lleva décadas denunciando al castrismo, de quien conoce cómo opera el poder cubano, cómo infiltra, cómo dirige desde la sombra y cómo utiliza a otros países como satélites al servicio de su supervivencia.

Zoé lo dice sin rodeos: Cuba gobernaba Venezuela. No como aliado ideológico, sino como potencia extractiva. Un país empobrecido que convirtió a otro riquísimo en su provincia económica.

El petróleo venezolano, los recursos, las rutas, la logística y la seguridad han estado durante años bajo control cubano, con la colaboración de redes criminales internacionales. Y eso explica algo que ahora se empieza a entender mejor:
la protección de Maduro no era venezolana, era cubana.

Las llamadas “avispas negras”, tropas de élite del ejército cubano, formaban parte del círculo de seguridad del régimen. Y según la información que aporta Zoé, ese anillo de protección fue neutralizado durante la operación. Hubo disparos. Hubo heridos. Hubo muertos. Y hubo un mensaje claro: el tiempo del alarde se acabó.

El miedo en La Habana

Por eso, ahora mismo, en Cuba hay miedo. No retórico. Miedo real. Porque saben que Venezuela era el colchón, la fuente de oxígeno, el sostén económico y estratégico del castrismo.

Zoé recuerda una frase que lo resume todo:
un país pobre convirtió a un país rico en su provincia.
Y añade lo que muchos callan: sin Venezuela, el régimen cubano se asfixia.

Las palabras de Marco Rubio no son una advertencia vacía. Cuando dice que, si estuviera en el gobierno cubano, estaría preocupado, está señalando el siguiente movimiento. Porque cortar el grifo venezolano implica dejar a Cuba sin capacidad de maniobra.

Estados Unidos ha demostrado en 24 horas que puede desmantelar un régimen protegido durante años por redes internacionales. Y ese precedente no pasa desapercibido en La Habana.

Cuba sabe que ya no hay teatro posible, que la estrategia del ruido, la propaganda y el desafío verbal no funciona con Trump. Ya no estamos en la fase del “bembeteo”, como dice Zoé. Estamos en una fase operativa.

Por eso, hoy, el castrismo se sabe observado, expuesto y vulnerable.
Y por primera vez en mucho tiempo, no controla el tablero.

Lo ocurrido en Venezuela no es el final de una historia, es el comienzo de una secuencia regional. Y Cuba lo sabe.

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