Los Hidalgo exhiben poder en Dominicana mientras la justicia investiga el rescate millonario

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Lo que vimos en Santo Domingo no fue una inauguración cualquiera. Fue una exhibición de poder, de relaciones y de normalidad impostada, justo cuando en España la UCO investiga, los jueces abren causas y las detenciones se suceden.

En la escalinata aparecía el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, ayudando a bajar a Juan José Hidalgo, patriarca del grupo. A su lado, el ministro de Turismo, David Collado. Y detrás, sin esconderse, Javier Hidalgo, el íntimo amigo de Begoña Gómez. Y como detalle imposible de ignorar, José Bono, el único con camisa azul, marcando presencia. Donde hay poder, está Bono. Siempre.

El motivo oficial era la reapertura de un gran hotel de convenciones en Santo Domingo, ahora rebautizado como Santo Domingo Bay, tras una reforma que ha costado 48 millones de euros. Pero el contexto lo cambia todo. Hablamos de la familia que recibió el mayor rescate público concedido en pandemia, más de 1.100 millones de euros, siendo además la primera empresa en ser rescatada.

Se nos dice que el crédito de 475 millones fue devuelto. Lo que no se explica es por qué se repartieron dividendos millonarios prácticamente al mismo tiempo que recibían dinero público, ni por qué esa ayuda llegó antes y en mayor cuantía que a nadie. Hay preguntas que siguen sin respuesta.

Mientras en España se investiga la relación entre Globalia, los Hidalgo, Begoña Gómez y fondos públicos, en Dominicana se levantan apartamentos de lujo por valor de 60 millones de euros frente al hotel. Y uno se pregunta de dónde sale tanto dinero. O si parte de ese esplendor aún tiene aroma a rescate.

En ese acto, según testigos presenciales, no todo eran sonrisas. Hubo caras de preocupación entre miembros de la familia Hidalgo. El mundo es pequeño y el de la corrupción aún más. Se habla de vínculos empresariales, de sociedades compartidas, de gestores patrimoniales comunes y de nombres que aparecen una y otra vez cuando se tira del hilo.

También pesa el contexto internacional. La DEA investiga el entorno del blanqueo de dinero procedente del narcotráfico venezolano, y en esa imagen de Santo Domingo aparece uno de los nombres citados en esos informes. José Bono, imperturbable, transmitía normalidad absoluta incluso cuando la noche anterior ya se conocían detenciones relevantes relacionadas con otras empresas rescatadas.

Ese es el contraste que hoy retrata la España que vivimos: aquí se investiga, aquí se detiene, aquí los jueces trabajan; allí, los presuntos protagonistas celebran, inauguran y posan como si nada ocurriera. Y mientras tanto, muchos ciudadanos se hacen la misma pregunta incómoda: ¿cuánta parte de ese lujo lo hemos pagado entre todos?

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