Maduro era rehén de Diosdado Cabello y pidió a Trump salir de Caracas para salvar su vida

Compártelo:

No es un rumor. No es una conjetura. Es la intrahistoria que explica por qué Nicolás Maduro salió de Caracas sin un solo disparo y apareció, en cuestión de horas, en una celda del sur de Nueva York. Y la clave es esta: Maduro no mandaba. Maduro era rehén.

Durante meses —y especialmente en las últimas semanas— hemos trabajado para entender qué había detrás de una operación que, por su precisión y silencio, parecía imposible. Hoy puedo contarlo con la información que nos llega de fuentes absolutamente fiables del entorno del presidente de Estados Unidos. Lo que nos cuentan cambia por completo el relato.

Durante años se nos dijo que Nicolás Maduro era el jefe del cártel de los soles. El hombre fuerte. El vértice de la pirámide criminal. No era así. Según estas fuentes, el verdadero poder estaba en manos de Diosdado Cabello. Y Maduro lo sabía.

Maduro temía por su vida. No a Estados Unidos, no a una operación militar, no a Delta Force. Temía a los suyos. Temía que, en el momento en que se activara cualquier salida, el propio cártel de los soles lo liquidara para impedir que hablara ante un juez norteamericano. Ese miedo es el que lo empuja a pedir auxilio.

La llamada que lo cambió todo

Antes de Navidad se produjo una conversación telefónica directa entre Maduro y Donald Trump. Al otro lado escuchaban varios lugartenientes. Entre ellos, Marco Rubio. También estaba Delcy Rodríguez junto a Maduro.

La conversación tuvo momentos surrealistas. Maduro ofreció abandonar el poder si se le garantizaba protección vital. No habló de indultos colectivos. No pidió salvar a colaboradores. Solo pidió vida para él, su esposa y su hijo. Nada más. Ese era su único objetivo.

En esa conversación dio pistas, insinuó ubicaciones, habló de búnkeres, de ventanas de extracción, de cómo y cuándo podía salir sin morir. Lo repito porque es clave: Maduro quería salir vivo. Y estaba dispuesto a pagar el precio.

Por qué no hubo resistencia

Ahora todo encaja. Los radares antiaéreos no funcionaron. El acceso al búnker fue limpio. En menos de 20 minutos, fuerzas estadounidenses entraron, salieron y sacaron a Maduro sin un solo disparo. No fue casualidad. Fue facilitación interna.

Durante meses, Rubio y Delcy Rodríguez hablaron de transición. Evitaban palabras como “extracción” o “detención”. Pero cuando Trump y su equipo comprendieron que Maduro no era el capo sino el prisionero, el tablero cambió. Ya no se trataba solo de desmontar un régimen, sino de rescatar a un hombre que sabía demasiado y que temía ser silenciado.

El teatro necesario

A partir de ahí, todo lo que vimos fue puro teatro. Las declaraciones altisonantes contra Estados Unidos. Los insultos. Los gestos de desafío. Era una puesta en escena para tranquilizar al cártel, para hacerles creer que seguía siendo “de los suyos”.

Por eso, cuando Maduro llega a Nueva York, aparece relajado. Saluda. Sonríe. Dice “feliz año nuevo”. No baja la cabeza. No es el derrotado. Es el hombre que cree haber salvado la vida. Y por primera vez en años, no teme que lo maten.

La pieza que falta: la venganza

Hay un dato decisivo que explica el silencio y la rapidez de todo esto: Maduro ha prometido colaborar. Promete ser testigo de cargo. Cuando Diosdado Cabello sea detenido —porque lo será— el principal acusador será el propio Maduro. Como ya ocurrió en otros casos de narcotráfico internacional.

Maduro va a contar todo: rutas, nombres, pagos, conexiones internacionales, protección política. Departamento del Tesoro y justicia estadounidense ya trabajan con ese escenario. Las fichas del dominó han empezado a caer.

Estados Unidos ha demostrado que en 24 horas puede sacar a un narcodictador de un búnker en Caracas y sentarlo en una celda en Nueva York. No es solo una operación policial. Es un mensaje geopolítico. Un aviso a navegantes. Y el inicio de algo mucho más grande.

Nada es lo que parecía. Venezuela no era gobernada por un hombre, sino por una mafia. Y el hombre que creíamos jefe era, en realidad, su rehén.

Esto no ha terminado. Acaba de empezar.

💬 Tu opinión cuenta: participa en los comentarios

Suscríbete ahora para no perderte nada

Recibe cada semana las noticias que otros prefieren ocultarte.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

Compártelo:

Más noticias

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.