La bochornosa politización de nuestra cúpula militar: General Mora denuncia al Teniente General del Castillo por amenazas
Lo que hemos presenciado estos días en la cúpula de nuestra Guardia Civil es, sencillamente, bochornoso. Una escena que, por un lado, nos provoca incredulidad y, por otro, una profunda vergüenza. Me refiero a la presión ejercida por el Teniente General del Castillo sobre el General Mora para que boicoteara el acto del 2 de mayo en apoyo a Isabel Díaz Ayuso. Un suceso que ha escalado hasta una acalorada discusión y, lo que es más grave, una denuncia por amenazas.
La conversación, que ha trascendido públicamente, es un claro reflejo de la deriva que han tomado ciertas esferas de nuestras instituciones. El Teniente General del Castillo, en un tono que dejaba entrever su papel de lacayo del poder, instaba al General Mora a desobedecer una orden o, al menos, a justificar su ausencia del acto de forma que perjudicara a la presidenta madrileña. La respuesta del General Mora fue clara y contundente: «No le da la gana». Una afirmación que, en un contexto militar, subraya una integridad que hoy escasea.
El vergonzoso diálogo y las amenazas
La discusión rápidamente degeneró. El Teniente General del Castillo, incapaz de doblegar la voluntad del General Mora, recurrió a la descalificación y, finalmente, a la amenaza directa. «No me toques los [censurado]» o «No te meto dos hostias porque no te tengo aquí delante» son frases que retratan la bajeza de un superior que, lejos de ejercer su autoridad con liderazgo moral, lo hace desde la prepotencia y la sumisión política.
El General Mora, con una dignidad que honra a la institución que representa, insistía en su obligación y en la necesidad de justificar su decisión, sin ceder a presiones. Ante la negativa a someterse a la politización, la respuesta del superior fue aún más grave: «Mira, te retiro la orden, haz lo que te salga de la [censurado]… Si tienes que ir, vete y atente a las consecuencias». Esto, amigos, no es una discrepancia; es un delito de amenazas evidente.
La denuncia que destapa la verdad
No es de extrañar que, ante tal escarnio y chantaje, el General Mora, a quien califico de héroe y hombre honrado, haya decidido dar un paso al frente. Me informan que ha denunciado al Teniente General del Castillo por amenazas. Esta denuncia, más allá de su recorrido judicial, es vital porque ha sacado a la luz pública la podredumbre que se gesta en las altas esferas de nuestras fuerzas de seguridad.
Como bien señalaba mi compañero Julio, esta conversación es un manual de lo que no debe ser. Revela la abismal diferencia entre la «autoridad», que es el poder que alguien ostenta por su cargo o posición, y la «autoritas», que es el prestigio, la moralidad y el cuajo que realmente impresiona y dignifica. En este caso, la «autoritas» la ostenta el subordinado, el General Mora, quien se mantiene en su puesto por una cuestión de dignidad y por el deber de defender a la nación por encima de las órdenes políticas.
El mensaje subyacente es claro: la obediencia debida no puede ser una traición a la confianza y al deber que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado tienen con la nación. Cumplir la misión de defender a España está por encima de cualquier capricho o interés político.
Ascensos meteóricos y la politización de la cúpula
Conozco personalmente a ambos. Con el Teniente General del Castillo, compartí bastante tiempo. Fue director del curso de adiestramientos especiales para acceder al GAR. En aquellos años, como capitán, era impensable que pudiera llegar a general. Su carrera, según me cuentan, ha sido meteórica, pasando de general de brigada a general de división y luego a teniente general en muy poco tiempo.
Esta trayectoria no responde a una promoción por méritos propios o por valía, sino a una «carrera política». Él mismo, en alguna ocasión, no se veía en esos cargos. Su ascenso se enmarca en las purgas que este gobierno ha llevado a cabo desde su llegada, como la dimisión de Laurentino Ceña o la del general Santa Fe, toda una cúpula de la Guardia Civil honesta que fue relevada rápidamente.
El Consejo Superior es un filtro difícil de sortear para ascender, requiere mayoría de acuerdo. Sin embargo, el ministro ha boicoteado a otros profesionales de valía, como Corbí, que hoy deberían ocupar cargos de general, pero que fueron apartados para colocar a individuos moldeados políticamente, a «mujeres de partido» o, en este caso, a generales que son lo que son: lacayos del gobierno.
Todo esto es una muestra más de cómo el gobierno y el ministerio, a través de esas cloacas, han intentado idear esa cúpula como lo hicieron con la Policía Nacional. Se busca que los generales sean «comisarios políticos», y aquellos que se promocionan por méritos, por haber luchado contra el terrorismo o por su formación y misiones internacionales, son sistemáticamente ignorados.
Recuerdo la escena en un acto a favor de los guardias asesinados por los narcos en Barbate. El General Mora, un caballero, un hombre muy querido y próximo, se veía apartado de otros generales que sí estaban allí, encantados de la vida saludándose. Esa imagen lo dice todo: el héroe, el íntegro, relegado; los colocados a dedo, en la primera fila.
Esto es tremendo. Gente que por experiencia, valía o veteranía no debería alcanzar tan altos puestos, lo consigue a codazos, siendo meros lacayos del gobierno. Un claro ejemplo de cómo la politización ha corrompido la cúpula militar, poniendo en riesgo la dignidad y la misión de una institución fundamental para nuestra nación.
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