El controvertido uso de hostias consagradas en el arte y su oscuro tráfico para el satanismo
Quería contarles hoy un caso verdaderamente impresionante que pone de manifiesto la deriva de ciertos ámbitos artísticos y la alarmante facilidad con la que se ataca la fe católica. Me refiero al uso controvertido de hostias consagradas en el arte y, lo que es aún más grave, su tráfico para fines satánicos.
Fíjense en esta obra, que no llega a diez años. Se llama «Pederastia» y fue creada por Abel Azcona. La palabra «pederastia» está escrita en el suelo con la figura de un hombre sentado de espaldas. Lo más chocante es que esa palabra está hecha, precisamente, con hostias consagradas obtenidas de una iglesia. Es una obra que, en su momento, tuvo un éxito increíble para algunos, pero que para muchos de nosotros representa una afrenta directa a las creencias religiosas.
La pregunta que surge inmediatamente es: ¿cómo se consiguen estas hostias consagradas? La respuesta, según la historiadora Pilar Baselga, es desoladoramente sencilla desde que la comunión en la mano está permitida. Es muy fácil robar una hostia consagrada. Baselga, con quien he tenido el placer de conversar, critica abiertamente esta práctica, considerándola un invento y un peligro, fruto de una infiltración en el Vaticano que facilita este tipo de acciones.
El alarmante tráfico de hostias para rituales satánicos
Pero la cosa no queda ahí. Pilar Baselga me ha relatado un caso escalofriante: el de una señora que se dedicaba a vender hostias consagradas a satanistas. Iba a misa, tomaba la comunión en la mano, se guardaba la hostia y después la vendía. Un día, esta mujer no pudo ir a misa y compró hostias sin consagrar en una tienda. Cuando se las entregó al satanista, este la miró y le dijo: «Esta hostia no está consagrada». La señora se asustó, y con razón. Como bien apunta Baselga, solo los demonios, ni siquiera los sacerdotes, son capaces de detectar si una hostia está consagrada o no.
Estamos hablando de un tráfico de hostias que se mueve en círculos muy oscuros, donde se llegan a vender entre 1.000 y 1.500 euros la hostia. Es una situación extremadamente grave y un claro indicativo de lo que está ocurriendo.
Impunidad y la «cristianofobia»
En cuanto a la obra de Azcona, aunque Abogados Cristianos se querellaron, la justicia tomó una decisión sorprendente: el juez archivó la causa. No vio que hubiera habido un atentado contra las creencias religiosas. Es, a mi juicio, increíble. Esa misma acción no se hubiera permitido contra el islam, el judaísmo, el budismo o cualquier otra religión. Existe una clara vara de medir diferente cuando se trata de la Iglesia Católica.
Precisamente por esto, Abogados Cristianos están impulsando una moción para pedir a la Real Academia Española (RAE) que incluya el término «cristianofobia«. Es evidente que existe, y la disparidad de trato respecto a otros términos como «islamofobia», que sí están reconocidos, es flagrante.
La «guerra cultural» contra la sociedad occidental cristiana
Este tipo de «arte» ofensivo no es casual. Pilar Baselga lo define como parte de una «mafia» financiada y apoyada, con una clara agenda anticristiana. Nos explica que esto se remonta a la Escuela de Frankfurt. Tras la Segunda Guerra Mundial, seis filósofos, con muchas comillas, se reunieron y decidieron que con el marxismo por sí solo no podrían derribar y destruir desde dentro la sociedad occidental cristiana. Unieron a Freud y a Marx e iniciaron lo que se conoce como la «guerra del vasismo cultural«. Esta guerra ha invadido universidades de Europa, Estados Unidos e Hispanoamérica, y su último retoño es el _wquismo_.
Siempre atacan a la Iglesia Católica, al Papa, a las hostias consagradas, porque, a diferencia de los protestantes que no tienen eucaristía, la Iglesia Católica es el principal objetivo de esta estrategia. Otros ejemplos de esta tendencia, que me han hecho llegar, incluyen la supuesta obra de Maurizio Cattelan de 1999, que representa al Papa Juan Pablo II derribado por un meteorito, o la obra de Débora SCH de 2003, «Las ovejas y los lobos», donde un sacerdote es un lobo a punto de devorar a los fieles. Incluso una rana verde crucificada de Martin Kippenberger en 1990 fue considerada arte. Cuesta creer que esto sea arte y que se venda en un mundo pequeño pero muy poderoso y con muchísimo dinero. Esto forma parte de la leyenda negra contra la Iglesia Católica y España, la difusora de la fe cristiana en el mundo.
En definitiva, lo que está pasando es un peligro. La facilidad con la que se consiguen hostias consagradas y su uso para ofender o para fines tan oscuros como el satanismo, unido a la impunidad judicial, es una señal de alarma que no podemos ignorar. Es evidente que hay una agenda que busca socavar los cimientos de nuestra cultura y nuestras creencias, y debemos estar vigilantes ante ello.
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