Zapatero es tan delincuente como Maduro
Hay momentos en los que el análisis político deja de ser académico y pasa a ser moral. Este es uno de ellos. Carlos Marcos no utiliza eufemismos ni se refugia en el lenguaje diplomático. Llama a las cosas por su nombre. Y lo que dice incomoda, especialmente en España.
Porque mientras muchos celebran —con razón— la caída de Nicolás Maduro, hay una pregunta que no podemos seguir evitando:
¿qué papel ha jugado España en el sostenimiento de la narcodictadura venezolana?
Carlos Marcos es contundente: José Luis Rodríguez Zapatero no es un mediador, no es un observador neutral ni un “facilitador de diálogo”. Es parte del problema. Tan responsable como Nicolás Maduro del blanqueo político, económico y moral de un régimen criminal.
Zapatero no aparece de manera accidental en Venezuela. Aparece de forma sistemática, siempre en los momentos clave, siempre alineado con los intereses del chavismo. Carlos Marcos lo resume con una frase que no deja margen a la ambigüedad:
“Zapatero es tan delincuente como Maduro”.
No se trata de una provocación. Se trata de una conclusión basada en hechos, relaciones, viajes, negocios y silencios.
España, en el foco
Durante años, España ha mantenido una posición ambigua y cobarde frente al régimen venezolano. Mientras públicamente se hablaba de derechos humanos, se disparaban las compras de petróleo. Mientras se miraba a otro lado, llegaban vuelos, maletas y acuerdos opacos.
Carlos Marcos recuerda algo esencial: cuando Pedro Sánchez llega a La Moncloa, la compra de petróleo a Venezuela se incrementa un 400 %. Eso no es diplomacia. Eso es financiación directa de una dictadura.
Y en ese contexto, Zapatero no es un actor secundario. Es una pieza estructural, un engranaje clave entre el régimen venezolano y determinados sectores del poder en España.
La farsa de la transición
Carlos Marcos es claro también con lo que viene ahora. Si la llamada “transición” venezolana pasa por figuras como Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello o el propio Zapatero, entonces no estaremos ante una regeneración, sino ante un fraude histórico.
No se puede construir democracia con los mismos actores que sostuvieron la narcodictadura. No se puede pedir paciencia a los venezolanos mientras se recicla a los responsables del desastre.
Por eso, Carlos lanza una advertencia directa:
si Zapatero aparece como mediador en este proceso, habremos cambiado un problema por otro. Y España quedará definitivamente señalada.
La justicia española investiga tramas que conectan el entorno del gobierno con figuras del chavismo. Reuniones, vuelos, empresas públicas, financiación y negocios energéticos están sobre la mesa. Nada de esto es ya teoría.
Carlos Marcos lo tiene claro: no hace falta esperar a ninguna transición para conocer la verdad. Basta con acceder a la información que el régimen venezolano ha ocultado durante años y que ahora empieza a salir a la luz.
Porque si algo demuestra lo ocurrido en Venezuela es que las dictaduras no caen solas. Caen cuando se rompen las redes que las sostienen fuera de sus fronteras.
Y España, por acción u omisión, forma parte de esa historia.
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