23 de febrero: la declaración del Pollo Carvajal que pone nerviosos a muchos en España
Hay fechas que no figuran en el calendario oficial, pero que hacen temblar despachos, ministerios y partidos. El 23 de febrero es una de ellas. Ese día, Hugo “el Pollo” Carvajal declarará en Estados Unidos bajo una figura legal muy concreta: “Queen for a Day”. Y conviene explicarlo bien, porque no es una comparecencia cualquiera.
Carvajal no va a hablar por hablar. Es su última bala para evitar condenas que pueden ser perpetuas. Eso significa una cosa muy sencilla: o entrega todo lo que sabe, con pruebas, o no hay trato. Y cuando digo todo, es todo.
Hablamos de cuentas, documentos, nombres, fechas, rutas, financiaciones y relaciones políticas. Hablamos de dinero del régimen venezolano, de narcotráfico, de protección institucional, de impunidad durante más de dos décadas. Hablamos de aviones, valijas, pasaportes, estructuras paralelas. Y sí, España aparece en ese mapa.
Por eso hay nervios. Por eso hay llamadas, silencios incómodos y movimientos discretos. Porque Carvajal no es un testigo menor. Fue el cerebro de la inteligencia venezolana, el hombre que lo sabía todo y que lo gestionaba todo. Y ahora está solo, acorralado y con un único incentivo: salvarse.
La Fiscalía estadounidense no regala nada. Exige pruebas verificables, exige coherencia, exige utilidad real. Y si acepta esa figura legal es porque espera información de alto impacto. Información que no se ha contado, o que se ha contado a medias.
En España, algunos prefieren mirar hacia otro lado. Otros confían en que no salga su nombre. Pero cuando alguien llega a este punto, no protege a nadie. Protege su vida. Y eso lo cambia todo.
Durante años se ha hablado de maletas, de vuelos, de operaciones sospechosas, de financiaciones opacas. Se ha negado, se ha ridiculizado, se ha atacado al mensajero. El 23 de febrero ya no valen relatos. Valen los papeles.
No estamos ante una venganza política ni ante una maniobra mediática. Estamos ante un procedimiento judicial estadounidense, con reglas claras y consecuencias reales. Y eso es lo que asusta de verdad.
No sé hasta dónde llegará. Nadie lo sabe. Pero sí sé una cosa: ese día pueden empezar a caer muchas máscaras. Y cuando eso ocurre, ya no hay marcha atrás.
Aquí no hablamos de ideología. Hablamos de hechos, de dinero, de poder y de silencios comprados. Y el 23 de febrero alguien va a romperlos.
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