“Las universidades españolas públicas han caído en decadencia por el wokismo”
Lo que está ocurriendo en la universidad pública española no es una percepción ni una exageración. Es una degradación real del nivel académico, del pensamiento crítico y de la libertad intelectual. Y cuando quien lo denuncia es una empresaria, divulgadora y exalumna, conviene escuchar.
Pilar Almagro lo dijo sin rodeos: la universidad pública ha caído en decadencia por el wokismo. No por falta de talento entre los alumnos, sino por una colonización ideológica que ha sustituido el conocimiento por el dogma.
Yo mismo he vivido situaciones similares. Y lo preocupante no es que estas ideas existan, sino que se enseñen como verdad incuestionable en centros que deberían formar pensamiento libre, no militancia.
Hechos y testimonios
– Pilar Almagro denunció que las universidades públicas españolas ya no priorizan el rigor académico, sino la ideología.
– Relató cómo en entornos universitarios se normalizan discursos que niegan la realidad biológica, la ciencia o el método racional.
– Se promueve una visión del mundo basada en constructos ideológicos, no en hechos contrastables.
– Esta deriva no fomenta la excelencia, sino la mediocridad intelectual y la autocensura.
Pilar fue clara: no se trata de igualdad ni de derechos reales, sino de fanatismo ideológico. El resultado es una universidad desconectada de la realidad productiva, científica y social.
El problema no es el debate, es la imposición
Una universidad sana discute ideas. Lo que hoy ocurre es lo contrario:
– Hay ideas que no se pueden cuestionar.
– Profesores que adoctrinan en lugar de enseñar.
– Alumnos que aprenden qué pensar, no cómo pensar.
Cuando el mérito se sustituye por el discurso correcto y el pensamiento crítico se castiga, el sistema se degrada solo. Y eso tiene consecuencias directas: titulados peor preparados, empresas desconectadas del talento real y una sociedad más frágil intelectualmente.
Una advertencia clara
La decadencia universitaria no es un problema cultural, es un problema estructural. Afecta a la economía, a la innovación y a la competitividad del país. Una universidad ideologizada no forma ciudadanos libres, forma repetidores de consignas.
Como dijo Pilar, no es casualidad que cada vez más personas busquen formación fuera del sistema público o directamente fuera de España.
La universidad pública española no necesita más ideología.
Necesita menos dogma y más ciencia, menos activismo y más pensamiento crítico.
Y mientras esto no se corrija, seguiremos pagando el precio en forma de decadencia intelectual y pérdida de talento.
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