Tensión interna y politización en la Guardia Civil: la cúpula, bajo sospecha
Es una realidad desoladora ver cómo el compromiso con España se diluye entre nuestros políticos. Y en este contexto, una voz autorizada ha alzado la suya: el general retirado de la Guardia Civil, Garrido Roca, quien ha escrito una carta pidiendo al Director Adjunto Operativo (DAO) de la Guardia Civil, Manuel Llamas, que abandone su cargo.
Según Garrido Roca, Llamas y la directora general de la Guardia Civil «están hasta las cejas» y no descarta que puedan acabar en prisión. Sin embargo, se mantienen aferrados a sus puestos, quizá siguiendo la consigna de «aguantar» que les llegue desde esferas superiores. La carta es clara y contundente: aconseja a Llamas que no participe en maniobras políticas, recordando que la Guardia Civil debe ser un ejemplo y que su actual comportamiento está dando un mal ejemplo a los guardias civiles.
La indignación de un general imputado
El general Garrido Roca subraya que «ver al DAO imputado» en una causa judicial por intimidación y coacción a miembros de la Guardia Civil es «indignante». Para él, un mando de la Benemérita nada debe a ningún político.
Sin embargo, el teniente coronel Francisco Bendala matiza la carta de Garrido Roca con dos puntos que, a mi juicio, son cruciales. En primer lugar, Bendala expresa su sorpresa ante la afirmación de que los mandos son designados por sus capacidades técnicas, sin injerencia política. Él, como yo, sabemos que nadie llega a general en la Guardia Civil o a comisario en la Policía sin haber pasado por una serie de «filtros». Y no me refiero a filtros profesionales, sino a la docilidad al poder político de turno, sea del PSOE o del PP. Los que ascienden son aquellos que «tragan con todo» y demuestran esa docilidad, manteniéndose en el puesto mientras sigan siendo útiles.
Obediencia, sumisión y órdenes ilegales
Desde hace tiempo, muchos confunden obediencia con sumisión, y neutralidad con inhibición. Esta confusión, como bien apunta Bendala, termina en colaboración con el poder político. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido con el teniente general Manuel Llamas. La orden que dio a la UCO era «ilegal, anticonstitucional e ilegítima», y él lo sabía perfectamente. Y se mantiene en el cargo porque, como lamenta Bendala, «hace mucho que el honor no es su divisa».
La situación es tan flagrante que Llamas fue «pillado con las manos en la masa» al dar esa orden por escrito, a petición del teniente coronel Bala. No hay margen para la duda ni para aclarar nada ante un juez, pues la evidencia es irrefutable. Su permanencia en el puesto solo demuestra que, para algunos, el honor ha dejado de ser un valor fundamental.
El silencio cómplice de la cúpula
El problema se extiende más allá de Llamas. Lo que me pregunto, y nos preguntamos muchos, es qué hacen el resto de los generales en activo. Su silencio aparenta complicidad, y eso mancha el honor de una institución donde miles de personas honradas se juegan la vida cada día. ¿Por qué no se presentan ante el teniente general Llamas y le exigen su dimisión? ¿Por qué no le dicen: «Has manchado a la Guardia Civil, nos has manchado a nosotros, o te vas o te dimitimos entre todos»?
Es inaceptable que los generales aguanten el capricho del político de turno y no sepan decir «esto aquí no se puede hacer». Me refiero a permitir que se nombre a «mindundis» como directores de la Guardia Civil, que no saben lo que es un guardia civil, en lugar de elegir a generales con experiencia. O que se designen ministros de Defensa sin conocimiento militar. Al final, nos encontramos con personas de 40 años que han dedicado su vida a pegar carteles y que, una vez en el poder, convierten a la institución en un instrumento partidista.
La Guardia Civil, lamentablemente, «no ha sido neutral, sino que ha sido sectaria ideológicamente», sirviendo a una ideología concreta, en este caso, la del PSOE, aunque con el PP el problema sería el mismo. Una situación que denigra la esencia y el honor de una de las instituciones más respetadas de España.

