María Corina Machado: ¿Rodeada de ‘alacranes’ y ante un dilema estratégico crucial con Trump?

María Corina Machado en una encrucijada política en Venezuela, con figuras sombrías al acecho y la silueta de Donald Trump en el horizonte como posible apoyo.
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La situación en Venezuela es, sin lugar a dudas, una tragedia sobre otra tragedia. Llevamos años señalando la naturaleza de un régimen que viola los derechos humanos, comete crímenes de lesa humanidad y tortura sistemáticamente a su pueblo. Un régimen que, según los criterios de la ONU, cumple con los requisitos de genocidio y más. Lo que hay en el poder son criminales, una organización que ha vampirizado y sustituido las instituciones políticas por estructuras mafiosas dedicadas a delinquir.

En este contexto desolador, la figura de María Corina Machado emerge como un faro de esperanza para muchos, pero no todo el mundo cree que esté rodeada de la gente adecuada. Una fuente muy cercana a la líder opositora, directamente desde Caracas, me ha trasladado una advertencia escalofriante: María Corina está rodeada de «puros tiburones, de puros alacranes, hasta en su misma gente». Es un dolor decirlo, pero «es la verdad», me aseguran. Esta persona se siente como «el vale de la corte», el que está pendiente para que nadie le haga daño, y subraya que es una de las pocas que lucha por la libertad «de corazón y sin interés alguno». La advertencia es clara: «cuidado, cuidado, cuidado, de alacranes y de chavistas». Aquí hay que hablar con la verdad, y la verdad es que la oposición no está exenta de estas infiltraciones y peligros internos.

El dilema estratégico de María Corina: ¿reinstitucionalización o legitimación?

La misma fuente me expone un dilema estratégico de vital importancia para el futuro de Venezuela. Para ella, hay dos esferas, dos caminos posibles para María Corina Machado:

«Si María Corina entra a Venezuela con la venia de Trump para tomar el poder, reinstitucionalizar el país, poner orden y conducir a una democracia, reconstruirla para luego ir a unas elecciones, estamos hablando que yo misma me aplaudo de pie.»

Esta es la vía que muchos anhelan: un cambio radical, una verdadera reinstitucionalización del país que desmantele la podredumbre acumulada durante 27 años. Es la vía de la extirpación de esa organización criminal que ha secuestrado la nación.

Sin embargo, la otra posibilidad es mucho más sombría y peligrosa:

«Ahora, si María Corina entra a Venezuela para poner paños fríos, como siempre ha hecho la oposición política venezolana, calmar a la gente, decirles, ‘Vamos a unas elecciones que con eso salimos de la organización criminal’, aquí estamos hablando de una persona que va a terminar siendo funcional y siendo una legitimadora de una organización criminal que no es una organización política.»

Esta advertencia es crucial. No basta con un cambio cosmético o con participar en procesos electorales que, de facto, solo sirven para blanquear a un régimen criminal. Hay que remover todas las instituciones, entrar con un tractor y llevarse por delante «toda la podredumbre que han fabricado y construido durante tantos años». De lo contrario, se corre el riesgo de legitimar, de forma inadvertida o no, a quienes han destruido el país.

El factor Donald Trump: ¿la única esperanza externa?

En este análisis crudo, mi fuente no duda en señalar un factor externo que considera determinante: Donald Trump. Me expresa su molestia por cómo «son utilizados los venezolanos por los demócratas estadounidenses para tirarle piedras a Trump». Y añade con contundencia:

«Yo no estoy defendiendo a Trump porque hay muchas cosas que yo puedo criticar, pero la única persona que nos puede ayudar en este momento a salir de esos criminales es Trump. Entonces, señores, tenemos que estar los venezolanos claros que tenemos una oportunidad para salir de esta pesadilla de 27 años. No podemos estar prestándonos a matrices comunicacionales que justamente le tiren piedra a la persona que nos puede ayudar.»

Es una afirmación que puede resultar polémica, pero refleja la desesperación y la búsqueda de una solución efectiva ante una tiranía que se ha arraigado. Se menciona la existencia de «tráfico de personas», «harina blanca por todos lados», «oro» y «botines de criminales» como parte de la realidad venezolana, elementos que subrayan la naturaleza profundamente corrupta y delictiva del régimen. Esta gente tiene que salir ya.

La vergüenza de la izquierda internacional

Comparto plenamente la visión de mi compañero José Luis en este punto. El caso venezolano, al igual que el cubano, me produce una profunda vergüenza como ser humano. Durante años, la izquierda internacional, sin excepción, ha protegido estos regímenes. Pero no solo eso, han ido más allá: han colaborado activamente desde democracias con estos regímenes. Han mantenido relaciones comerciales, y empresas que deberían haber cerrado por daño corporativo han colaborado con sátrapas que mantienen a su pueblo esclavizado. Esta complicidad es lo que explica que la mayoría de los estados y países «estén callados», silenciando lo que ocurre en Venezuela y Cuba.

No vale un cambio cosmético. No es posible pactar una solución con los tiranos que están en el poder. Hay que apartarlos, extirpar esa organización criminal y desmantelarla por completo si queremos ver una verdadera libertad. El tiempo en Venezuela se cuenta en vidas perdidas, y la necesidad de una acción contundente es más urgente que nunca.

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