El revólver de Erdogan a Sánchez: ¿Un regalo peligroso o un problema de Estado?
Miren, si yo fuese ahora uno de esos periodistas de La Sexta, de los que siempre están dispuestos a señalar al adversario político, el titular sería demoledor. Si el presidente del Gobierno fuese Rajoy o Feijóo, ya habrían abierto telediarios y tertulias con una noticia que, en este país, parece pasar desapercibida:
«El presidente del gobierno va con un arma cargada y aterriza en el aeropuerto de Londres.»
Sí, lo harían. Y media hora después, con la misma vehemencia, dirían que fue un regalo de Erdogan, que iba en una caja de madera. Pero el hecho es el hecho: un arma cargada, con balas, en manos de nuestro presidente. Y esto no es una anécdota, es un problema serio que requiere explicaciones.
El «regalito» de Erdogan: un Gumusai 357 Magnum
Hablemos del arma en cuestión. No es una pieza de coleccionista inofensiva. Según los expertos, se trata de un Gumusai fabricado en 1990, un revólver 357 Magnum que, como bien recordarán los cinéfilos, es el tipo de arma que empuñaba Harry el Sucio. Es un arma de seis cartuchos, fabricada en Turquía bajo licencia de Magnum por la empresa MKE, líder en armamento ligero en ese país. Erdogan, en un gesto que ahora se revela como una auténtica bomba de relojería, lo regaló no solo a Sánchez, sino a todos los mandatarios que acudieron a la cumbre de la OTAN. Y aquí es donde empieza el problema.
Porque no estamos hablando de una réplica o de un arma inutilizada. Es un arma que tiene munición, es un arma que dispara. No es histórica, como algunos han intentado justificar. No está anulada, no tiene taladrado el cañón como se hace con las armas destinadas a exposición en museos. Es, en palabras de un experto, una «arma muy peligrosa».
La legalidad y el viaje con un arma cargada
El primer y más evidente problema es el viaje. Has viajado con un arma, y eso está terminantemente prohibido. Un presidente del Gobierno, supuestamente ejemplo de cumplimiento de la ley, aterriza en un aeropuerto internacional como el de Londres con un revólver cargado. ¿Cómo es posible que esto suceda? ¿Nadie se percató de la implicación de transportar un objeto así sin la debida declaración y seguridad?
Al llegar a Madrid, la situación no mejora. Esa arma debería ser «inmediatamente legalizada por la Guardia Civil». Y si se quisiera poner a nombre de Pedro Sánchez, la cosa se complica aún más. Tendría que pasar una serie de pruebas, «una de ellas una psicotécnica». Yo, sinceramente, dudo que Sánchez pueda pasar esa prueba psicotécnica. No se puede dar un arma a este hombre. Si ya de por sí es peligroso, con un 357 Magnum puede ser destructivo, incluso para los que están más cerca.
El contraste con otros líderes internacionales es flagrante. El primer ministro británico, Starmer, y el belga, por ejemplo, rechazaron el regalo en Turquía. Otros mandatarios, al llegar a sus respectivos países, lo entregaron inmediatamente a la policía correspondiente. Aquí, en España, todavía estamos por ver qué va a pasar. ¿Se perderá el revólver? ¿Terminará en una habitación de Ferraz, como ya ha ocurrido con otras armas descontroladas?
El precedente de Ferraz y la opacidad de los regalos institucionales
La preocupación no es infundada. Quiero recordarles una entrevista con OK Diario donde Koldo García afirmó que encontraron armas en los sótanos de Ferraz, tanto cortas como largas. Y se dio la orden de destruirlas. Sin embargo, nuestro amigo, el periodista Leopoldo Bernabéu, quien ha investigado a fondo este asunto, nos aseguró que esas armas «nunca se destruyeron». Es decir, que en los sótanos de Ferraz, supuestamente, aún hay armas cortas y largas. No sé por qué.
Este antecedente dota de una gravedad inusitada al regalo de Erdogan. ¿Bajo qué custodia va a estar esa arma? ¿Quién la va a poseer? Todas las armas, como los coches, tienen que tener una matrícula y un propietario registrado. Pero aquí, en España, con este Gobierno, no podemos fiarnos de que no se haga una barrabasada.
Pero la polémica va más allá del revólver. Pedro Sánchez lleva ocho años en Moncloa. Le han regalado de todo, y no quiere decir cuáles son los regalos que ha recibido. Cuando se lo han preguntado diferentes medios a través del portal de transparencia, la respuesta es siempre la misma: «lo dirá cuando acabe el mandato». A ver, si te han regalado joyas, cuando acabe el mandato igual ya te las has vendido. ¿Dónde está la custodia de lo que le han regalado en sus múltiples viajes? Y más aún, a su mujer, Begoña Gómez, que viajaba por los países africanos con el rollo del Instituto de Empresa Africa Center, una región donde se «fabrican» esmeraldas y otras riquezas.
La opacidad en la gestión de los regalos institucionales por parte del presidente Sánchez es inaceptable. Otros presidentes, como Mariano Rajoy o Aznar, declaraban sus regalos al final del mandato, haciendo una lista de todo lo recibido. Zapatero también lo hizo, aunque en su lista no aparecieran las joyas. ¿Qué hubiese pasado si en la caja fuerte de Zapatero, en lugar de joyas, hubiesen aparecido armas? Y, sobre todo, ¿qué ocurre en el entretiempo? Si a Sánchez le regalan esto al principio de su mandato y lo declara al final, ¿quién es el responsable de esa arma durante años?
Me temo que a Pedro Sánchez, después de lo del arma, a partir de hoy debemos llamarle Pedro el Sucio, que además le va muy bien. La situación es peliaguda y requiere una transparencia que, una vez más, brilla por su ausencia en el Gobierno.
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