Paco Álvarez reivindica a Sor Juana Inés de la Cruz, la monja que eligió ser libre

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Amigos, en este rincón de Castillón Confidencial, donde nos gusta desenterrar las historias de héroes y heroínas, a menudo olvidados, de España y de toda la Hispanidad, tengo que dar las gracias a Paco Álvarez. Su idea de traer a la luz estas figuras es, sin duda, brillante y necesaria. La historia, lejos de ser aburrida, se convierte en una aventura cuando hablamos de personajes que, como el que nos ocupa hoy, hicieron justicia a su tiempo y a su talento. Hoy, Paco Álvarez nos ha traído a una mujer excepcional, una figura que, a pesar de su inmensa relevancia, no siempre ha recibido el reconocimiento que merece: Sor Juana Inés de la Cruz, la Décima Musa.

Estamos hablando, ni más ni menos, de la mujer más importante de nuestro Siglo de Oro, la escritora más destacada de su época. Y no solo en España, sino en el mundo entero. Paco Álvarez nos lo recordaba: ¿alguien conoce a alguna escritora inglesa, francesa, alemana o italiana del siglo XVII con su fama y su producción? La respuesta es no. Los hispanos, los españoles, tenemos a Sor Juana Inés de la Cruz, y es hora de que la reivindiquemos como se merece.

Una mente prodigiosa desde la cuna

Sor Juana Inés de la Cruz, cuyo nombre de pila era Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, nació en un pequeño pueblito de la entonces Nueva España, San Miguel Nepantla. Se debate si fue en 1648 o 1651, pero lo que sí sabemos es que sus padres no estaban casados, un detalle cuanto menos curioso para la época. Desde muy pequeña, demostró una inteligencia y una curiosidad insaciables. Dicen que a los 3 años ya se colaba en la biblioteca de su abuelo para leer los libros que encontraba. Una precocidad asombrosa que marcó el inicio de una vida dedicada al saber.

Pero la ambición de conocimiento de Sor Juana no se detuvo ahí. Paco Álvarez nos cuenta una anécdota que retrata a la perfección su espíritu indomable: a los 7 años, intentó matricularse en la Universidad de México disfrazada de chico. Evidentemente, no la dejaron, pero la audacia de esa niña es un testimonio de su determinación. A los 13 años, ya escribía poesías curiosas, un talento que la llevó a la corte virreinal, donde se hizo amiga de Leonor de Carreto, la virreina. Este contacto la llevó a la Ciudad de México, la capital de la Nueva España, donde su fama como escritora comenzó a crecer.

El convento como refugio de la libertad intelectual

La vida de una mujer en el siglo XVII ofrecía pocas opciones: o el matrimonio o el convento. Para una mente tan brillante y libre como la de Sor Juana, el matrimonio representaba una atadura que no estaba dispuesta a aceptar. Eligió la vida religiosa para preservar su independencia intelectual. Ella misma lo dejó por escrito, en unas palabras que resumen su decisión de forma contundente y que Paco Álvarez nos ha recordado:

«Entréeme religiosa porque para la total negación que tenía al matrimonio era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir.«

Así, Sor Juana se metió a monja para ser libre, para poder dedicarse al estudio y a la escritura sin las imposiciones sociales de la época. Su decisión es un acto de rebeldía intelectual, una búsqueda de autonomía que la convirtió en un faro para las mujeres de su tiempo y de los siglos venideros. Junto con figuras como el Inca Garcilaso, Ruiz de Alarcón o Balbuena, Sor Juana Inés de la Cruz demuestra que el Siglo de Oro hispano no fue un fenómeno limitado a un solo lado del Atlántico, sino una explosión cultural que abarcó dos continentes. Y, sin duda, la mujer que más brilló en ese firmamento literario fue esta hispana de México, de la Nueva España.

La escritora más famosa de su tiempo en dos continentes

La popularidad de Sor Juana no se limitó a su virreinato. Sus obras cruzaron el océano y llegaron a España con gran éxito. Ya en 1679, una obra suya fue representada ante Mariana de Austria, la reina Regente. Pero fue María Luisa Manrique de Lara, otra virreina y gran amiga y devota de Sor Juana, quien trajo sus obras a España en 1689 para su publicación. Inmediatamente, tuvieron un éxito rotundo, tanto su poesía, que a menudo era de un amor tan profundo que resultaba «demasiado de amor para ser de monja», como su prosa y su teatro.

Una mujer hispana del siglo XVII publicando libros en dos continentes y cosechando un éxito masivo. Es un hito tan importante que deberíamos grabarlo a fuego en nuestra memoria colectiva. Escribía de todo: teatro, prosa, poesía, autos sacramentales. Su genio abarcaba todos los géneros literarios, equiparándola a los grandes nombres masculinos de su tiempo, como Quevedo o Lope de Vega, aunque, lamentablemente, su figura no siempre ha sido tan ensalzada.

El misterio de su silencio y un legado imborrable

Sin embargo, la vida de Sor Juana Inés de la Cruz encierra un misterio. En sus últimos años, dejó de escribir. ¿Qué ocurrió? La verdad es que no lo sabemos con certeza. Paco Álvarez nos plantea varias hipótesis: ¿fue la presión de algún obispo que consideró que su libertad intelectual era excesiva para una monja? ¿Aumentó su religiosidad hasta el punto de abandonar la escritura? ¿O simplemente sus obras de esa última época se han perdido? Sea cual fuere la razón, es una auténtica pena que no tengamos más de su pluma en esos años finales.

Pero su legado es inmenso y sigue vivo. Sus obras están al alcance de todos, y recomiendo encarecidamente a nuestros confidenciales que las busquen y las disfruten. Sor Juana Inés de la Cruz no es una desconocida total; su nombre nos suena. Y su reconocimiento es tangible: tiene monumentos en México, en Madrid, en su pueblo natal de San Miguel Nepantla, e incluso en Washington. Hay calles dedicadas a ella, y su imagen llegó a estar en el billete de 1000 pesos mexicanos.

Para terminar, y para que se hagan una idea de la sensibilidad y profundidad de su poesía, me atrevo a recitarles un breve poema de amor de esta monja que eligió ser libre, pero que escribía sobre el amor como nadie:

«Nunca hallo gusto cumplido,

porque entre alivio y dolor

hallo culpa en el amor

y disculpa en el olvido.

>

Esto de mi pena dura

es algo del dolor fiero,

y mucho más no refiero

porque pasa de locura.

>

Si acaso me contradigo

en este confuso error,

aquel que tuviera amor

entenderá lo que digo.»

Un misterio de mujer, una vida de misterio. Es muy probable que amara a escondidas, que tuviera mil experiencias que no conocemos. Pero lo que sí sabemos es que fue una intelectual, una genio, que durante siglos fue la más famosa y querida de América. No ha habido ninguna escritora famosa posterior a ella hasta, al menos, el siglo XX, ¡tres siglos después! Es fundamental que reivindiquemos a los nuestros, sean mexicanos o españoles, porque somos lo mismo y porque tenemos figuras tan grandes como Sor Juana Inés de la Cruz. Su convento en México, donde residió por 25 años, aún se conserva, un testimonio físico de su existencia.

Sor Juana Inés de la Cruz, no la olviden, por favor, que ella es historia de la Hispanidad. Quienes deseen ampliar la información y conocer el análisis completo pueden acceder al programa íntegro en nuestro canal de YouTube.

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