Teresa Herrera: la mujer humilde que lo entregó todo para construir un hospital para los pobres
Mucho antes de que existiera el término ONG, de que se hablara de sanidad universal o de que España contara con un sistema público de salud, hubo personas que ya dedicaron su vida a ayudar a quienes no tenían recursos.
Una de ellas fue Teresa Margarita Herrera y Pedrosa, una mujer humilde de A Coruña que, sin apenas medios y sin saber leer ni escribir, persiguió durante años un objetivo: construir un hospital gratuito donde pudieran ser atendidas las personas pobres.
Su historia fue recuperada por Paco Álvarez en Castillón Confidencial, quien recordó la trayectoria de una mujer cuyo legado continuó teniendo consecuencias incluso mucho después de su muerte.
Una infancia marcada por la pobreza y la pérdida
Teresa Herrera nació en 1712 en A Coruña, en el seno de una familia muy humilde.
Tuvo que ponerse a trabajar siendo todavía muy joven y durante unos 24 años realizó trabajos como limpiar escaleras para aportar dinero a su familia.
Eran nueve hermanos, pero siete fallecieron durante la infancia.
Más adelante, Teresa tuvo que regresar a casa para atender a su madre, que se encontraba gravemente enferma. Cuando esta murió en 1755, Teresa quedó al cuidado de sus dos hermanos supervivientes y, especialmente, de su hermana María Josefa, que padecía un importante problema psíquico.
Toda su vida estuvo así marcada por el cuidado de quienes tenía alrededor.
Y aquella experiencia acabaría convirtiéndose en un proyecto mucho mayor.
El sueño de crear un hospital gratuito
Tras la muerte de su madre, Teresa recibió una pequeña herencia familiar en la que se encontraba la conocida como Casa del Patín.
Con aquellos modestos recursos comenzó a levantar un pequeño hospital de caridad en el que llegaron a ser atendidas gratuitamente 14 enfermas.
Pero el dinero se acabó pronto.
Teresa Herrera no abandonó entonces su proyecto.
Solicitó permiso al Ayuntamiento para pedir limosna y poder reunir los fondos necesarios para construir el hospital con el que soñaba.
Durante años fue obteniendo aportaciones de vecinos, del propio Ayuntamiento, de nobles y de diferentes personas y entidades.
Finalmente, en 1791, había conseguido reunir suficiente capital para comenzar la construcción.
Teresa tenía ya 79 años.
Vendió todo lo que tenía
Para hacer realidad aquel hospital, Teresa Herrera entregó prácticamente todos sus bienes.
Dinero, propiedades familiares y herencias fueron destinados al proyecto.
Incluso durante el acto de colocación de la primera piedra se mantuvo en un segundo plano. No buscó protagonismo ni quiso ocupar el lugar principal de la ceremonia.
Paco Álvarez recuerda además un detalle especialmente significativo: Teresa Herrera no sabía firmar.
Cuando se formalizaron las escrituras relacionadas con el hospital, pidió que no se destacara su nombre y que se hiciera constar una frase que resumía su forma de entender aquella obra:
«Si son cortos mis bienes, es infinita la bondad de Dios para atraer las limosnas de los fieles a esta obra de humanidad, la más consoladora y meritoria que puede practicarse en este mundo».
Todo cuanto había conseguido reunir durante su vida terminó dedicado al hospital.
Teresa Herrera falleció poco después y fue enterrada en la parroquia de San Nicolás, en A Coruña.
El hospital comenzó a funcionar plenamente en 1794.
Podría parecer que ahí terminaba su historia.
Pero ocurrió exactamente lo contrario.
18 de los 22 niños de la expedición de la vacuna procedían de su hospicio
A comienzos del siglo XIX tuvo lugar uno de los episodios sanitarios más extraordinarios de la historia española: la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, conocida como expedición Balmis.
El objetivo era llevar la vacuna contra la viruela a diferentes territorios.
El problema era cómo mantener viva la vacuna durante aquellas largas travesías.
La solución fue transportarla mediante niños, inoculándola sucesivamente para poder conservarla y transmitirla durante el viaje.
Según explicó Paco Álvarez, 18 de los 22 niños que participaron inicialmente en aquella expedición procedían del hospicio que formaba parte del hospital fundado por Teresa Herrera.
La vacuna se mantenía viva a través de los propios niños y, posteriormente, podía ir transmitiéndose a otras personas conforme avanzaba la expedición.
Aquellos menores permitieron llevar la vacuna contra la viruela a diferentes puntos del mundo.
De los 22 niños que participaron en aquella primera expedición, 18 estaban vinculados al hospicio de Teresa Herrera.
Para Paco Álvarez, aquella circunstancia prolongó de una forma extraordinaria el legado de la mujer coruñesa:
«Esta mujer ha ayudado a salvar miles de vidas gracias a eso».
Una institución creada por una mujer sin recursos terminó, años después de su muerte, vinculada a una operación que permitió extender la vacuna contra la viruela.
El Trofeo Teresa Herrera también nació para ayudar
El nombre de Teresa Herrera volvió a aparecer más de un siglo después.
En 1946, durante la dura posguerra española, nació en A Coruña un torneo de fútbol destinado inicialmente a recaudar dinero para ayudar a las personas que lo habían perdido todo.
Ese torneo recibió su nombre:
Trofeo Teresa Herrera.
Con los años acabaría convirtiéndose en uno de los grandes torneos históricos del fútbol español y en el trofeo de estas características más antiguo que continúa celebrándose en España.
Paradójicamente, es precisamente por el fútbol por lo que muchas personas conocen actualmente el nombre de Teresa Herrera.
Pero son muchos menos quienes saben quién fue realmente la mujer que hay detrás del trofeo.
Un hospital continúa llevando su nombre
El antiguo hospital vinculado a Teresa Herrera terminó cerrando en 1956 debido al deterioro de sus instalaciones.
Pero su nombre no desapareció.
El hospital materno-infantil de A Coruña lleva actualmente el nombre de Teresa Herrera, manteniendo vivo el recuerdo de aquella mujer que dedicó su vida a conseguir que los más necesitados pudieran recibir atención médica.
Más de dos siglos después, su legado continúa presente en la ciudad.
Una mujer analfabeta y pobre que decidió construir un hospital
La historia resulta todavía más sorprendente cuando se observa el punto de partida.
Teresa Herrera no tenía una gran fortuna.
No pertenecía a una familia poderosa.
No tenía estudios.
Ni siquiera sabía leer ni escribir.
Era una mujer humilde del siglo XVIII que había pasado buena parte de su vida trabajando y cuidando de su familia.
Pero decidió que quería construir un hospital para que las personas sin recursos pudieran recibir atención.
Y dedicó durante años todo lo que tenía a conseguirlo.
Su hospital terminó atendiendo a los necesitados. Su hospicio quedó posteriormente relacionado con los niños que llevaron la vacuna contra la viruela en la expedición Balmis. En 1946, un torneo benéfico adoptó su nombre. Y un hospital de A Coruña continúa recordándola actualmente.
Como resumió Paco Álvarez durante su intervención, fue un ejemplo de tenacidad para el bien.
Porque Teresa Herrera demuestra que no siempre hacen falta poder, dinero o educación para dejar una huella extraordinaria.
A veces basta con tener un objetivo y dedicar una vida entera a perseguirlo.

