Marruecos y España siguen su plan para hacer estallar Ceuta

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Lo advertimos hace una semana y lo ocurrido después confirma, a mi juicio, exactamente lo que veníamos contando.

Presenciamos una gran farsa, una operación de lavado de imagen organizada por Marruecos. El plan era simular una nueva invasión, provocarla ellos mismos y detenerla a tiempo para presentarse ante el mundo como un país responsable que controla su frontera y evita la entrada de inmigrantes ilegales.

Eso es lo que nos llega desde fuentes de inteligencia españolas: la operación del día 15 fue un montaje del Gobierno marroquí.

La diferencia con lo ocurrido el 30 de julio es evidente. Entonces pudieron entrar cerca de 100.000 personas en Ceuta porque, según la información que manejamos, Marruecos abrió las puertas, señaló el camino y sus propios gendarmes coordinaron la operación por orden del Gobierno marroquí.

Ahora ocurre exactamente lo contrario.

El propio Gobierno marroquí vuelve a convocar a través de redes sociales, pero esta vez despliega a la policía, cierra accesos, carga contra quienes intentan pasar y documenta perfectamente la operación para vender al exterior la imagen de que Marruecos es quien evita la invasión.

El CNI habría advertido al Gobierno

Hay un elemento todavía más grave.

Según la información que expuse en el programa, el CNI envió al Gobierno español un informe en el que advertía de que la entrada prevista para el día 15 era un paripé provocado por Marruecos para después detenerlo.

¿Y qué hizo el Gobierno español?

Nada.

O peor: participar en el paripé, no señalar a Marruecos y formar parte de la representación.

Mi conclusión es clara: los planes de Mohamed VI, del Gobierno de Marruecos y del Gobierno de Pedro Sánchez van de la mano y tienen un objetivo común: desestabilizar Ceuta hasta conseguir que caiga en manos de Marruecos.

No estamos hablando de una hipótesis improvisada. Ya habíamos mostrado días antes las redes sociales, los mapas y las rutas que se estaban difundiendo. Se indicaba que el intento no sería por la playa, sino por la zona interior. Y así ocurrió.

Los policías marroquíes estaban esperando con un fuerte dispositivo y todo quedó perfectamente grabado para poder presentar después a Rabat como el país que había evitado una nueva entrada masiva.

Subsaharianos y argelinos utilizados como instrumento

En esta ocasión prácticamente no hubo marroquíes.

Los grupos movilizados eran principalmente subsaharianos y argelinos, personas desesperadas, muchas de ellas sin un lugar al que regresar y que llevan meses esperando cerca de la zona del Tarajal.

Algunos llegaban a decir que preferían morir antes que seguir allí.

Y precisamente esa desesperación es la que, según sostengo, Marruecos utiliza para provocar nuevos intentos de entrada, con la colaboración del Gobierno español.

No será el último intento.

Habrá más.

Por tierra, por mar y por aire.

Ya existían nuevas convocatorias para los días 22 y 26, y la previsión es que durante meses continúe la presión sobre Ceuta mientras España y Marruecos siguen su hoja de ruta.

Mientras tanto, España no exige explicaciones, no cierra fronteras, no expulsa diplomáticos y mantiene con Marruecos la organización conjunta del Mundial de 2030.

El objetivo es generar miedo en Ceuta

La estrategia no termina en la frontera.

En Ceuta hay, según expuse en el programa, más de 10.000 inmigrantes, incluyendo menores no acompañados, y una parte importante de ellos se concentra en zonas públicas y playas.

La consecuencia es una situación creciente de tensión entre los vecinos.

Hay negocios que han cerrado y otros que están a punto de hacerlo. Hay residentes que denuncian robos, entradas en portales, búsqueda de viviendas vacías, peleas y agresiones.

El objetivo, según sostengo, es claro: crear miedo, provocar que familias españolas abandonen Ceuta y sustituir progresivamente la población de la ciudad.

Una mujer embarazada lo expresó con absoluta desesperación: hablaba de una ciudad que había sido segura, de niñas que ya no podían salir con normalidad, de niños que no podían utilizar determinados espacios y de una sensación general de impotencia.

Y esa es hoy una de las imágenes más graves de lo que está ocurriendo.

Una ciudad donde la vida normal empieza a desaparecer

La situación que describimos es la de una ciudad donde cada vez resulta más difícil hacer vida normal.

Menores que dejan de ir al parque.

Jóvenes que evitan determinadas playas.

Personas que no quieren regresar caminando a casa por la noche.

Y a todo ello se suma un problema de salud pública, con hospitales saturados y la presencia de enfermedades como tuberculosis, sarna o tiña entre los problemas señalados durante el programa.

Todo esto, insisto, forma parte de un plan.

Las redes sociales utilizadas para movilizar a estas personas cambian constantemente. Muchas pierden seguidores porque parte de quienes las siguen descubren que hay cuentas falsas y bots. Esas mismas redes sirven para indicar por dónde entrar, cuándo moverse y qué ruta utilizar.

Y después, el mismo Gobierno marroquí puede decidir si deja pasar a esas personas o si las espera con la policía.

Marruecos quiere Ceuta y Melilla

No tengo ninguna duda sobre las intenciones de Marruecos.

Quiere quedarse con Ceuta y Melilla.

Y sostengo además que Pedro Sánchez está permitiendo esta situación porque Marruecos le tiene condicionado desde hace años por el caso Pegasus.

Pero hay una segunda parte todavía más grave.

Según fuentes de toda solvencia que nos han informado, Sánchez también tendría interés en que se produzcan algaradas y una situación de tensión máxima en Ceuta.

Marruecos tendría un objetivo territorial.

Sánchez tendría un objetivo político.

La emergencia nacional como vía para retrasar elecciones

La hipótesis que manejamos es la siguiente.

Si la situación en Ceuta y Melilla se agrava, si continúan las entradas masivas y la tensión aumenta, Sánchez podría decretar una situación de emergencia nacional.

Y con una emergencia nacional abierta sería mucho más sencillo justificar el retraso de unas elecciones.

Meses.

Quizá incluso años.

El argumento sería que el país no se encuentra en condiciones de afrontar un proceso electoral mientras existe una crisis grave en sus fronteras.

Eso es lo que venimos advirtiendo.

El objetivo final de Sánchez sería perpetuarse en el poder, mientras Marruecos avanza en su propósito de aumentar la presión sobre Ceuta y Melilla.

Por eso lo que estamos viendo no debe analizarse como una sucesión de incidentes aislados.

Hay una estrategia.

Hay movimientos coordinados.

Y hay demasiadas coincidencias como para seguir mirando hacia otro lado.

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