Infantino regala la final del Mundial a Marruecos
Mientras estábamos mirando al cielo, absortos en el fenómeno astronómico, nos robaron la final del Mundial de Fútbol 2030. Muchos creían que, tras el éxito de nuestra selección, España tendría asegurado acoger este evento culmen en el recién remodelado Santiago Bernabéu. Sin embargo, la realidad ha golpeado con la dureza de un portazo: la final se celebrará en Casablanca, Marruecos.
Quienes seguimos de cerca la intrincada relación entre España y Marruecos, sabíamos que algo así podía ocurrir. Es un hecho que Marruecos, que ni siquiera era un país organizador inicial del Mundial, ha terminado quedándose con el partido más importante. España y Portugal eran los anfitriones, pero parece que lo hemos olvidado.
La génesis de una cesión inexplicable
La negociación que nos llevó a esta situación comenzó en 2018. Por aquel entonces, Luis Rubiales, presidente de la Real Federación Española de Fútbol, mantuvo contactos con la embajadora de Marruecos en España. Gracias a mensajes publicados por *El Objective*, sabemos que Rubiales le prometió a la embajadora que la final se haría en Marruecos. Esto ocurrió justo cuando Pedro Sánchez acababa de llegar a la Moncloa. Rubiales, que mantenía una buena amistad con el recién investido presidente, le llamó y Sánchez dio su visto bueno. Una decisión que, ya entonces, levantó cejas entre quienes conocían los tejemanejes de la política exterior española.
Es crucial recordar que esto sucedía en 2018, antes de que los teléfonos de Sánchez y de varios de sus ministros fueran espiados con el sistema Pegasus a partir de 2021. Esta cronología es fundamental para entender la evolución de la relación y la sumisión que vendría después, una sumisión que ha llevado a España a un papel de subordinación que pocos habrían imaginado para una nación soberana.
España, el «pagafantas» del Mundial 2030
Lo más sangrante de esta historia no es solo la pérdida de la final, sino el hecho de que España está financiando una parte sustancial de la infraestructura necesaria para que Marruecos acoja el Mundial. Es decir, la final en Casablanca se hará, en buena parte, con el dinero de sus impuestos.
Permítanme desgranar algunos datos que lo demuestran:
- 340 millones de euros se destinan a la construcción de una gran planta desaladora en Casablanca. El objetivo es garantizar el suministro de agua suficiente para atender las necesidades del Mundial. Esta planta está prevista para 2028, justo a tiempo para el evento.
- 190 millones de euros más se aportan para financiar dos líneas de tranvía en el interior de Casablanca. Aunque inicialmente se planteó que empresas españolas realizaran el trabajo, finalmente lo está haciendo una empresa francesa, pero la ayuda económica española persiste.
- Y no nos quedamos ahí. Otros 754 millones de euros se destinan a la compra de 40 trenes interurbanos, con el fin de mejorar las comunicaciones de Marruecos.
Hemos pasado de invitar a Marruecos a la candidatura en 2018, como un gesto amable, a pagarles el Mundial y que, además, nos roben la final en la cara. Todo ello, según las informaciones, bajo la sombra de presuntos chantajes relacionados con el caso Pegasus, que parecen haber atado de pies y manos a nuestro gobierno, obligándolo a ceder ante las exigencias de Rabat.
La sombra de Infantino y la FIFA
En esta trama, no podemos obviar la figura de Gianni Infantino, presidente de la FIFA. Este hombre, de origen italiano y nacido en Suiza, llegó a la FIFA con la promesa de sanear la institución tras el desastre de presidentes anteriores y un déficit de 550 millones de euros. Es cierto que, bajo su mandato, la FIFA ha revertido esta situación de manera espectacular, con ingresos que este año se espera que alcancen los 13.000 millones de euros en positivo.
Sin embargo, Infantino ha sido acusado de prácticas cuestionables. ¿Recuerdan las pausas de hidratación en el último Mundial que ganó España? No se crearon para proteger a los futbolistas del calor, sino para generar más espacios para anuncios y, con ello, más ingresos para la FIFA. Lo peor, quizás, fue su intento de privatizar la FIFA, vendiendo acciones a inversores particulares y asegurándose un sueldo de 64 millones de dólares al año mientras seguía como presidente. Afortunadamente, este proyecto no prosperó.
Hoy, el nombre de Infantino es sinónimo de chanchullo y corruptelas, de intentar un autogolpe de estado para perpetuarse en el poder. Además, ha batido récords en el precio de las entradas del Mundial, las más caras de la historia. Donde está el dinero, parece estar la final del Mundial.
Una imagen que dio la vuelta al mundo, la de Infantino casi arrodillándose y besando el suelo que pisa Mohamed VI, ya indicaba perfectamente el destino de la final en Casablanca. *The Times* lo publicó la semana pasada, y solo faltan los detalles para que sea oficial.
¿Chantaje y sumisión?
Lo más preocupante es que España ni siquiera ha pedido ser la sede de la final del Mundial. Nuestro presidente, Pedro Sánchez, no ha hecho el más mínimo gesto público ni ha publicado un *tweet* al respecto. Una inacción que contrasta con la relevancia que un evento de esta magnitud tendría para la imagen y la economía de cualquier país. Parece que el objetivo es no molestar al sultán de Marruecos, quien, según parece, «le manda», una afirmación que resuena con fuerza en los pasillos del poder y en la opinión pública más informada.
Infantino, que atraviesa un momento delicado en su reputación, ofrece la final del Mundial a Marruecos a cambio del apoyo de todas las federaciones africanas para seguir en el cargo. Así es como funciona esta rueda: unos se hacen millonarios mientras a otros les roban la posibilidad de ser el centro del mundo por unos días, con la connivencia de quienes deberían defender nuestros intereses.
Madrid o Barcelona podrían haber sido el ombligo del mundo futbolístico, con el prestigio y el impacto económico que ello conlleva, pero un presunto chantaje a través del Pegasus lo va a evitar. La sospecha de que el espionaje a altos cargos del gobierno español ha condicionado decisiones de gran calado nacional es cada vez más palpable. Hay una expresión muy española que describe a la perfección el papel del gobierno español en todo esto: somos el pagafantas de Marruecos, una etiqueta que, lamentablemente, parece ajustarse a la perfección a la realidad de los hechos.
Otras noticias destacadas del programa de hoy
- El «Plan Reconquista» de Marruecos y sus ambiciones territoriales sobre Ceuta, Melilla y Canarias.
- El cierre unilateral de aduanas de Ceuta y Melilla por Marruecos en 2018 y su impacto económico.
- La campaña marroquí en 2020 para cambiar la frontera de Ceuta y Melilla en Google Maps a una línea discontinua.
- La invasión de Ceuta en 2021, una acción premeditada de Marruecos para presionar a España por el Sáhara Occidental.
- El espionaje Pegasus al gobierno español y el archivo del caso en la Audiencia Nacional.
- La inminente abdicación de Mohamed VI y la preparación de Hassan III, con la «recuperación» de Ceuta y Melilla como objetivo clave.
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