Azabache: “Las organizaciones mafiosas se han fusionado con los gobiernos”
La activista y artista venezolana Azabache lanzó durante el programa una de las reflexiones más contundentes de la jornada al analizar la situación política de distintos países occidentales y latinoamericanos.
Su tesis es clara: las organizaciones criminales ya no operan al margen del poder político, sino que se han integrado dentro de las propias estructuras del Estado.
Según explicó, lo que estamos viendo en numerosos países no es simplemente corrupción política tradicional, sino un fenómeno mucho más profundo.
“Las organizaciones mafiosas se han fusionado con los gobiernos”, afirmó durante el debate.
Azabache sostiene que este proceso no se limita a un país concreto, sino que forma parte de un patrón que, en su opinión, puede observarse en distintos gobiernos vinculados al socialismo latinoamericano durante las últimas décadas.
Durante su intervención señaló que estas estructuras de poder utilizan mecanismos similares en distintos lugares: división social, enfrentamiento entre colectivos, conflictos permanentes y generación de caos político. A su juicio, cuanto mayor es la confrontación dentro de la sociedad, más fácil resulta para quienes gobiernan consolidar su poder.
La activista venezolana argumentó que este modelo no solo afecta a la economía o a las instituciones, sino también a la cultura, la educación y el lenguaje. Según afirmó, las transformaciones legislativas y los cambios normativos que se producen tras determinadas crisis permiten ampliar progresivamente el control del Estado sobre la sociedad.
En este contexto, aseguró que la experiencia venezolana constituye un ejemplo de cómo una organización política puede evolucionar hacia una estructura que termina ocupando todos los espacios institucionales.
Por ello se mostró especialmente crítica con las fórmulas de negociación que, según explicó más adelante al hablar de Venezuela, terminan tratando como actores políticos convencionales a quienes ella considera estructuras criminales organizadas.
Azabache defendió además que uno de los principales desafíos actuales consiste en proteger la capacidad de pensamiento crítico de los ciudadanos.
A su juicio, la primera propiedad privada que debe defender una persona es su propia mente.
Por eso insistió en la necesidad de que los ciudadanos aprendan a identificar los mecanismos de manipulación política, mediática e ideológica que, según sostiene, se utilizan para influir en la opinión pública.
Su mensaje final fue una llamada a mantener la vigilancia sobre las instituciones y a no normalizar la corrupción como si fuera una consecuencia inevitable de la política.
Porque cuando una sociedad acepta la corrupción como algo normal, concluyó, deja de percibir el daño que esta provoca sobre las libertades, la economía y el futuro de las generaciones siguientes.
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