Diosdado Cabello ha acordonado la zona de La Guaira para sacar droga, dinero y oro
Ha pasado una semana y un día del doble terremoto en Venezuela y ya hay preguntas que no pueden seguir enterradas bajo los escombros. La más grave es esta: por qué el régimen cerró el acceso a La Guaira y por qué Diosdado Cabello apareció a pie de calle controlando la zona, impidiendo movimientos, limitando rescates y dificultando la labor de la prensa.
La denuncia que hemos puesto sobre la mesa es de una gravedad extrema: Diosdado Cabello habría acordonado la zona de La Guaira para sacar droga, dinero y oro. No hablamos de una simple sospecha lanzada al aire. Hablamos de testimonios de habitantes de la zona, de periodistas y de rescatistas que describen un operativo opaco, dirigido desde el poder, en el que se habría priorizado recuperar activos ocultos antes que salvar vidas.
La Guaira, cerrada tras la tragedia
El terremoto golpeó con dureza el litoral central venezolano. En Vargas, en el área de La Guaira, quedaron edificios destruidos y zonas a las que, según la información recibida, no se habría dejado entrar ni siquiera a rescatistas.
La pregunta inicial era evidente: si hay víctimas bajo los escombros, si puede haber supervivientes, ¿por qué cerrar accesos? ¿Por qué expulsar o controlar a la prensa? ¿Por qué impedir que la gente grabe? ¿Por qué amenazar a periodistas?
La respuesta que nos trasladan desde el terreno apunta a un motivo mucho más oscuro: el régimen estaría intentando movilizar y sacar lo antes posible dinero que tenía encaletado en apartamentos, además de oro y cocaína.
Carlos Salazar, periodista exiliado en Miami desde hace más de diez años por investigar el narcotráfico en Venezuela, explicó que las denuncias recibidas hablan de entre 120 y 250 apartamentos en los que se almacenaban cantidades de dinero, con funcionarios del Estado designados para custodiar esos inmuebles.
“Se está priorizando recuperar un dinero que pertenece a altos capos de la droga venezolana, como por ejemplo Diosdado Cabello, por encima de salvar vidas”.
Esa frase resume el fondo de la denuncia: una tragedia humana convertida en una operación de recuperación de bienes ocultos.
Diosdado Cabello a pie de calle
Nos pareció muy extraño ver a Diosdado Cabello a pie de calle, en plena zona de desastre. Más extraño aún fue verlo impidiendo a rescatistas de Estados Unidos hacer su trabajo en determinados lugares.
Según el relato ofrecido, esa presencia no sería casual. La imagen de Cabello discutiendo con un rescatista norteamericano habría ocurrido hacia la vía que da a la zona de La Llanada, donde se encuentra el llamado hotel sanitario, también conocido como hotel Negra Hipólita.
Allí, según se explicó, estaban hospedados más de 140 repatriados, personas repatriadas desde Estados Unidos hacia Venezuela. Hasta el momento referido, ninguna de esas personas habría sido rescatada y en esa zona no se habrían desarrollado actividades de rescate.
Ese dato aumenta la gravedad del caso. Si hay personas desaparecidas o atrapadas, cualquier bloqueo a los equipos de rescate exige una explicación inmediata. Y si el bloqueo coincide con la sospecha de caletas de dinero, oro y cocaína, la explicación ya no puede ser administrativa: es política, policial y criminal.
La rampa presidencial y la salida de cocaína, oro y dólares
La Guaira no es un punto cualquiera. Es una zona estratégica: tiene acceso directo al mar y cuenta con un aeropuerto internacional. Por eso cobra especial relevancia otra denuncia: el régimen, Diosdado Cabello, Delcy y anteriormente Maduro habrían utilizado la rampa cuatro, la rampa presidencial, para sacar cocaína, oro y dólares en efectivo.
Ese dato encaja con la importancia logística de La Guaira para el narcotráfico y con la urgencia que, según las fuentes, estaría mostrando el régimen para recuperar lo que quedó expuesto tras el terremoto.
También se han visto imágenes de billetes de dólar rotos entre ruinas, todos de alta denominación, especialmente de 100 dólares. Carlos Salazar recordó que esa forma de acumulación de dinero es habitual entre narcotraficantes: grandes cantidades apiladas, a veces calculadas por peso y no por conteo.
Al mismo tiempo, hay que actuar con prudencia. Se advirtió que circulan vídeos falsos, como el de una supuesta cueva llena de oro que no corresponde al lugar. Pero esa cautela no borra lo esencial: vecinos de edificios afectados aseguran haber visto movimientos vinculados a dinero, oro y cocaína.
Teléfonos revisados y palabras clave: “dinero” y “efectivo”
Uno de los elementos más inquietantes es el control ejercido sobre los rescatistas internacionales. Se recogieron testimonios de rescatistas hispanohablantes de El Salvador, Chile y México que habrían sido fiscalizados en varias ocasiones.
La revisión no habría sido superficial. Según una fuente en el terreno, se revisaban teléfonos móviles buscando palabras clave como “dinero” o “efectivo”.
Ese comportamiento no se corresponde con una operación transparente de rescate. Si el objetivo prioritario fuera localizar supervivientes, la preocupación central no serían los móviles de los rescatistas ni las palabras relacionadas con dinero. La preocupación sería abrir paso, retirar escombros y salvar vidas.
Lo que se describe es otra cosa: un operativo opaco en el que el propio régimen dirige las labores de búsqueda y decide hacia dónde pueden ir los equipos internacionales. Y la sospecha es clara: se estaría evitando que los rescatistas indaguen en zonas donde podrían aparecer bienes ocultos.
Edificios, hoteles, caletas y posibles demoliciones
La denuncia también apunta a edificios concretos, apartamentos custodiados y posibles caletas afectadas por el terremoto. Según Carlos Salazar, el régimen habría reaccionado tarde a la tragedia y ahora mostraría desesperación por controlar quién entra, quién sale, qué se graba y qué se publica.
La hipótesis más grave es que ese control serviría para extraer lo que aún necesitan mover y, además, para demoler edificios donde saben que existen caletas, con el fin de tomar control de lo que quedó perdido o expuesto entre los escombros.
Estamos ante una acusación de enorme alcance: usar una zona de desastre para recuperar dinero, oro y droga bajo custodia oficial, mientras se limita la presencia de prensa, vecinos y rescatistas.
Una tragedia sobre otra tragedia
Lo más importante ahora es escuchar a la gente que está en el terreno. Vecinos y periodistas son clave para conocer qué ocurrió realmente en La Guaira. Son ellos quienes ven movimientos en sus edificios, quienes detectan accesos cerrados, quienes denuncian la presencia de funcionarios y quienes pueden documentar lo que el régimen intenta ocultar.
También se advirtió que las fuentes están siendo perseguidas y que la fiscalización ha aumentado después de que salieran a la luz las denuncias sobre caletas vinculadas a Diosdado Cabello.
Según lo expuesto, los organismos de inteligencia de Estados Unidos ya tendrían conocimiento de lo que está ocurriendo, aunque se trataría de un asunto delicado que no se ventilaría abiertamente por el momento.
La conclusión es demoledora: en La Guaira, tras el terremoto, no solo habría habido una catástrofe natural. Habría también una operación de encubrimiento y recuperación de activos ilícitos, con Diosdado Cabello y el régimen controlando la zona, mientras la vida de las personas quedaba en segundo plano.
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